El Garbí

Publicado 30 octubre, 2010 por gastronomodesaparecido
Categorías: Arroces en Madrid, Restaurantes en Madrid

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Excelente A banda.

Hace algo más de un año un buen amigo me habló de una nueva arrocería en Madrid; aún a sabiendas de que una de mis debilidades gastronómicas es el arroz en paella y que suelo ser especialmente exigente con el plato, me aseguró que este nuevo lugar no me defraudaría. He tardado un tiempo en ir a degustar su cocina, y después de la visita, siento que no debí dejar pasar tanto sin probar el excelente arroz que sirven en la casa.

Siempre he tenido cierta predilección por la cocina de este pequeño cereal, y eso me ha llevado a buscar por los restaurantes de la capital ese arroz que me entusiasmase; aunque hasta ahora, por muy buena que fuera la arrocería, por mucha fama que tuviera el lugar o su cocinero, o por muy bien elaborado que estuviera el plato (y los he probado en bastantes lugares y algunos de ellos de calidad), nunca había encontrado una paella en Madrid que llegase al nivel de las degustadas por tierras levantinas. ¿Será la variedad del grano? ¿será el tipo de agua? ¿será la mano del cocinero? En la capital no se puede lograr, creía. Pero en El Garbí lo encontré; y bocado a bocado consiguió recordarme aquellos sabores añorados; y trasladarme a la playa de Pinedo, al grao de Castellón, a las huertas de Gandía, a Las Rotas en Denia…

Nos encontramos en un pequeño restaurante ubicado en pleno barrio de Salamanca. Aún conserva cierto aire del antiguo bar-restaurante de toda la vida que fue, aunque ahora remozado con un toque elegante y decoración marinera. Una pequeña barra nos recibe por si queremos una cerveza esperando la compañía. Con capacidad para unos treinta comensales la sala no destaca por un especial encanto, pero es lo suficientemente confortable y tranquila para poder centrarnos en lo que preparan en cocina.

Sobre el servicio que prestan, tampoco mucho que destacar. Amable y atento, cumple con eficacia su labor sin distraernos de lo relevante. Con algún pequeño defecto en los tempos de servicio de los platos (se nos juntaron en la mesa los dos entrantes que pedimos), o algo de tardanza para traer el vino solicitado (llegó a la mesa poco después del inicio de la comida), pero que en absoluto empaña las buenas sensaciones con las que abandonas el restaurante.

En su carta, El Garbí nos ofrece una docena de entrantes con marcada influencia mediterránea y sobre todo marinera; ocho segundos platos, carnes y pescados de elaboración tradicional, para los que osen no degustar alguno de sus arroces (sic!); un amplio surtido de arroces, del que, según me comentaron al final de la comida, varían por temporada; y una decena de postres, estos últimos con algún toque imaginativo en su elaboración.

Para comenzar la comida y dejándonos recomendar por la casa, dos entrantes: navajas a la plancha (a 12€ la ración de cinco) que se dejaban comer, pero sin destacar en demasía; y crujiente de carabinero con salsa al vermouth, éste realmente muy bueno, tanto el sabor del marisco, como su combinación con la pasta crujiente y la salsa; muy bien de punto y estupendo de sabor.

Y tras este pequeño preámbulo, llegó el ARROZ A BANDA. Al ser mi primera visita al restaurante recomendaron probar la estrella de la casa, según dicen en la carta tres veces galardonado internacionalmente (quizá pueda resultar presuntuoso mencionarlo en la propia carta, pero bueno, supongo que hay que venderse…). Y entonces, según llegaba el plato a la mesa, según comenzaba a paladear ese arroz, se paró todo, se detuvo el tiempo; la interesante conversación que mantenía se volatilizó, se hizo el silencio; y desde aquel primer tenedor repleto de granos hasta que el plato quedó vacío sólo pudimos concentrarnos en disfrutar de lo que nos llevábamos a la boca. El arroz perfecto de punto y textura, manteniéndose los granos enteros y sueltos entre sí, repletos de sabor a mar. Las gambas y los chipirones que lo acompañaban también excelentes. Una verdadera delicia. Como al principio de este post decía, recordando sabores añorados, un plato muy bien elaborado y de gran calidad, un excelente A banda.

¿Será la variedad del grano? ¿será el tipo de agua? ¿será la mano del cocinero? Seguramente son todas al tiempo. Un arroz de calidad, un marisco excelente, una mano maestra en la cocina…, que se conjugaron en ese arroz a banda que logró deleitar a este humilde gastrónomo. No sale precisamente económico, es verdad, 23€ por persona es un precio alto para lo que estamos acostumbrados, pero sin duda merece la pena pagarlos por una calidad así.

De postre probé el flan de moras silvestres, correcto sin más; aunque casi cualquier cosa me habría sabido a poco, después de tan singular experiencia.

A destacar también una carta de vinos correcta, que peca en demasía de referencias clásicas y en la que eché de menos más variedad de caldos levantinos. Y el magnífico detalle por parte de la casa de no tener prisa para que abandones el restaurante, permitiendo una extensa sobremesa.

En definitiva, en El Garbí podremos degustar un EXCELENTE ARROZ, sin nada que envidiar a exquisiteces valencianas, recomendación ineludible en Madrid para los amantes de este plato tan nuestro; hasta la fecha, el único que he probado en la capital que pueda compararse con aquellas deliciosas paellas levantinas; y en donde mi visita salió por unos 45 euros (vino sin incluir).

UBICACION: Don Ramón de la Cruz, 72

PUNTUACION:

Ambiente: 6
Servicio: 6
Comida: 8,5

PUNTUACION MEDIA: 7,25

El Maño

Publicado 1 junio, 2010 por gastronomodesaparecido
Categorías: Ruta por Soria

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Segunda parada: Tradición.

Para la siguiente estación de esta ruta por Soria decidí cambiar de tercio. En este segundo acercamiento a la gastronomía local, tocaba respirar tradición, cocina casera y un ambiente más rústico. La deriva del camino nos llevó hasta el pueblo de Navaleno, destacado centro micológico, también enclavado en el noroeste de la provincia. Allí, uno de los clásicos de la villa, el restaurante El Maño.

Del local, poco que destacar. Se trata del típico lugar de los de antes, donde al entrar te encuentras con una zona de bar, presidida por una enorme barra. Tras ella, por un pasillo en su lateral accedemos a su salón de comidas. La sala, con mesas y sillas de madera y decorada con motivos naturales, posee capacidad para unos cuarenta comensales. En el restaurante se respira cierto aire aldeano y ambiente familiar; el lugar es aseadito y agradable, así que sentémonos a la mesa a ver qué se cuece…

El servicio es atento, simpático y cercano. Desconozco si varían mucho de personal, pero en mi caso fueron tres chicas jóvenes quienes llevaban el salón. Voluntariosas y amigables, les faltan aún tablas y conocimiento del oficio para cumplir con ciertos protocolos en la mesa. Pero bueno, como antes comentaba, nos encontramos en un ambiente ciertamente familiar, así que hay que admitir algunas licencias. Por otro lado, eficacia y corrección nos les falta.

Una vez sentados a la mesa, descubrimos una carta de corte muy tradicional, en donde una gran variedad de setas se intercalan en numerosos de sus platos. Tanto este restaurante como muchos de la zona, serán buenas opciones para los que somos amantes de este manjar de bosque. Entrantes variados, ensaladas, revueltos, carnes a la parrilla, guisos, caza, asados, pescados… un amplísimo surtido donde la materia prima es la protagonista y las elaboraciones sencillas pero eficaces. En El Maño no encontraremos sorpresas para nuestro paladar ni creaciones sofisticadas; sino materia prima, sabores tradicionales y aromas caseros. Una cocina sin complicaciones más un producto de calidad suele dar siempre buenos resultados, y aquí lo obtenemos.

Para iniciar la comida nos decantamos por dejarnos aconsejar por la casa. En una mesa numerosa lo mejor suele ser aceptar las sugerencias de la camarera, y así compartir unos cuantos entrantes para todos; de esta manera uno acaba probando un buen número de sus especialidades. Por otra parte, las raciones que sirven son bastante generosas, con lo que una ayuda por parte del camarero para saber cuánto pedir se me antoja fundamental. Comenzamos con el cremoso que queso con miel, bueno en su textura pero al que le falta algo de potencia de sabor; tras él, un dúo con boletus: la tosta de boletus y queso y el crep de boletus y foie, donde el poderoso sabor esta seta silvestre, bien combinada en ambos casos, protagoniza con acierto el plato para que el paladar comience a envolverse de sabores a tradición y a Soria.

Los principales, como antes comentaba, son una buena combinación de materia prima de calidad y elaboraciones sencillas y acertadas. El solomillo a la plancha, servido en punto, muy tierno y estupendo de sabor, es buena prueba de ello. Los asados de cordero, tiernos, jugosos y sabrosos, continúan la misma línea. Y con el estofado de corzo con setas logramos sumergirnos en medio del bosque, con su sabor a cocina tradicional y con su sabrosa combinación de caza y hongos.

Los postres, sinceramente, me dejaron bastante indiferente; sabor casero eso sí, pero sin los aciertos del resto de la cocina. Bueno, a excepción del helado de queso al brandy, fresco, untuoso y equilibrado. Supongo que después de esa sucesión de sabores contundentes, las refrescantes y cremosas sensaciones que provocaron el helado de queso, fueron la guinda para una buena comida.

Y en cuanto al apartado enológico, pocas alegrías. Un servicio mediocre, una cristalería vulgar, y una carta de vinos bastante anodina, muy numerosa en Riojas y Riberas, que provocarán poco interés para el visitante con inquietudes.

En definitiva, el restaurante El Maño de Navaleno, se convertirá en una buena opción para amantes de los sabores de siempre, con su calidad y su agradable ambiente familiar; y en donde mi visita salió por unos 32 euros (vino sin incluir).

UBICACION: Calleja del Barrio, 5

PUNTUACION:

Ambiente: 6
Servicio: 6
Comida: 6,5

PUNTUACION MEDIA: 6,25

Alvargonzález

Publicado 12 mayo, 2010 por gastronomodesaparecido
Categorías: Ruta por Soria

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Pequeña decepción.

Este pequeño hotel-restaurante de la localidad de Vinuesa fue mi primera parada de un pequeño tour por la provincia de Soria. Una pequeña ruta de tres días admirando sus bellezas naturales, descubriendo pueblecitos con encanto y tratando de buscar la calidad gastronómica que acompañase unos días con amigos. Al noroeste de la provincia encontramos este pequeño municipio muy conocido por ser la puerta de acceso a la preciosa Laguna Negra.

Ante mi desconocimiento de la restauración soriana opté por dejarme guiar por un par de allegados mejor informados y a través de la consulta a varias webs en las que los usuarios escriben sus experiencias en restaurantes; 11870 o verema son algunas de las que soy asiduo en mis visitas y toma de referencias. Para aprovechar bien este tipo de páginas hay que saber leer entre líneas y conocer un poquito a los que comentan, así podremos saber el criterio que tiene cada uno y tomar más en cuenta algunas opiniones que otras. Como todo en este amplio mundo de internet, incluyendo por supuesto a este modesto blog, hay que pisar con pies de plomo y no dar por verdades absolutas lo que uno lee. Cada uno tiene su perspectiva, sus gustos y sus condicionantes, y todos ellos influyen en la valoración de un libro, un vino, una película o un restaurante.

El luminoso salón de comidas del lugar, su ordenada distribución de mesas, dejando amplitud entre ellas para no agobiarse, y la buena impresión que causa ver una mesa bien vestida, sobre todo en pequeños pueblecitos de aire rústico, hacen augurar al cliente una grata experiencia. Este cuidado ambiente crea al visitante una buena predisposición de inicio, que desafortunadamente no acaba de cuajar según va transcurriendo la comida.

Un amable recibimiento y una carta no demasiado extensa pero bastante sugerente acaban de convencerme de que he acertado en la elección. Aunque muy a mi pesar, ya metidos en faena comienzo a desilusionarme… En el servicio de mesa les falta cuidar más algunos pequeños pero importantes detalles que hacen que la comodidad del cliente sea la adecuada para poder disfrutar de lo que preparan en cocina: mejorar en el servicio del vino, implicarse algo más con el cliente a la hora de las recomendaciones y explicaciones de los platos, y sobre todo, cuidar mucho más los tiempos de servicio. Quizás la anómala circunstancia de servir a una mesa con doce comensales, quizás la falta de logística en cocina para atender con propiedad a un grupo grande, o quizás la falta de experiencia en estas vicisitudes provocaron que los tiempos de espera entre cada plato (y pidiendo cuatro entrantes para compartir, al final suma demasiado) se hicieran claramente excesivos para poder disfrutar con propiedad de la comida. Puede que esto solo no condicione para salir disgustado del lugar, pero sin duda, no ayuda a la hora de recomendarlo.

En su carta, Alvargonzález nos ofrece un apetecible surtido de platos en los que, además de otros productos de la tierra, una amplia variedad de setas toma coprotagonismo en muchos de ellos; sin duda la tradición de una tierra de hongos marca mucho la gastronomía del lugar, como por otra parte no podría ser de otra manera. En ella encontramos ocho primeros, mezclando guisos, ensaladas y alguno que otro que sorprende por su originalidad; ocho segundos, entre los que predominan las carnes (sólo dos pescados), preparadas tanto guisadas como a la plancha y seis postres. Ni por su surtido de platos, ni por su presentación, ni por sus elaboraciones, nos hayamos ante un restaurante de corte tradicional. En Alvargonzález tratan de realizar una cocina original basada en productos de siempre. El resultado, para mí, más intención que realidad. El conjunto se queda en una cocina muy bien presentada, pero que en general se queda corta para las expectativas que crea.

Siendo un grupo grande uno aprovecha para en una sola visita probar gran parte de su oferta. Así que, tras el aperitivo de la casa, un pastel de cabracho bienintencionado pero insulso, comenzamos con los entrantes: El cremoso de queso, amable en su textura resulta también demasiado anodino; la ensalada de escabechados, con el escabeche suave y bien logrado no acaba de cuajar por lo insípida de su verdura; el potaje de garbanzos y langostinos, sólo aceptable; el risoto de boletus y foie, sin que se logre ese sabor y esa textura idónea en el arroz, se salva por sus estupendos boletus; y para terminar con este inicio de comida, la oblea de borraja rellena de boletus y verduritas, el único de los entrantes que sí consiguió seducir a mi paladar, sabroso y bien ligado es probablemente el mejor plato de los que pude probar.

Tras ellos, los principales mejoraron en algo las sensaciones de inicio, pero sin llegar a provocarme un disfrute culinario destacable. El cordero al chilindrón, estaba tierno y jugoso, pero al estofado le faltaba la fuerza necesaria para seducir; la parrillada de cordero, plato consistente en tres chuletas de cordero ¿a la parrilla?, bastante flojita; el magret de pato a la pimienta, correcto, aunque con la carne algo menos echa el plato quedaría mejor; y el crujiente de manitas de cerdo trufadas, interesante y original, pero al que le falta potencia gustativa para deleitar.

Y a los postres, más de lo mismo: buena pinta en su presentación, pero al llevárnoslo a la boca, más intención que realidad. La tarta de limón y el pastel de queso, sólo aceptables; siendo el brownie con helado y esmeraldas de menta el más logrado de los que probé, rico de sabor, suave en su textura y bien combinado con el helado y la menta.

En cuanto a su carta de vinos, corta y desmotivante, es algo que deberían tratar de cuidar mucho más. Tampoco cuesta tanto mantener en carta una veintena de referencias variadas y atractivas. Sin embargo, el 80% de la misma se compone de Riojas y Riberas tan clásicos que casi aburren; y si te apetece un blanco, sólo ofrecen dos Ruedas sin demasiado interés…

En definitiva, mi visita al restaurante Alvargonzález quedó en una pequeña decepción, un lugar con muy buena pinta pero que se queda en un simple aceptable en cuanto a su calidad gastronómica; y en donde mi comida del otro día salió por 31 euros (vino sin incluir).

UBICACION: Constitución, 20

PUNTUACION:

Ambiente: 6,5
Servicio: 5,5
Comida: 5

PUNTUACION MEDIA: 5,5

Vergara 78

Publicado 7 abril, 2010 por gastronomodesaparecido
Categorías: De tapas por Madrid

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Pincheando.

Una de las prácticas gastronómicas que más nos gustan a los españoles, una manera diferente de entender una comida; algo que, aunque no soy demasiado viajado, muy poco he visto fuera de nuestras fronteras (aparte de en tabernas españolas que florecen en muchas capitales del mundo). Algo que ya es parte de nuestro acervo cultural y uno de nuestros imputs más importantes para el turismo extranjero. Porque gastronomía es cultura, qué narices. Aunque muchas administraciones públicas no la reconozcan como tal y no la ayuden y potencien como se merece, nuestra tradición culinaria y nuestra idiosincrasia gastronómica es CULTURA.

¿Quién no ha ido de pinchos/tapas/tostas alguna vez? ¿Quién no ha salido de picoteo en una noche con amigos? Ya sea en el bar cutre que tenemos al lado de casa, o en uno de los gastrobares de última generación que se están poniendo de moda. Pues eso, y perdonad que me enrolle en hacer apología cultural de la gastronomía, pero la pasión me pierde, eso es Vergara 78. Una taberna bien montadita con una filosofía basada en el pincho. ¿Adalid del acervo español? No, simplemente una nueva apuesta por lo nuestro de siempre.

Porque no sólo de cocina sofisticada vive el hombre, hace pocos meses abrió en pleno barrio de Salamanca esta taberna de aire tradicional que ofrece pinchos de todos los colores. Un lugar limpio y ordenado; agradable para tapear, que se nota montado con cariño y esmero. Una amplia barra nos recibe y sirve de cobijo para los más informales. Tras ella también encontramos un pequeño espacio con seis o siete mesas, tranquilo lugar para unas veinte personas picoteando.

En el servicio que prestan también percibimos el cariño que ponen en su trabajo; tratando de agradar a la clientela, con una sonrisa detrás la barra y amabilidad atendiendo las mesas. Recomendando con gusto un vino o sugiriendo el pincho especial del día. Sí que es cierto que en ocasiones se echa en falta algo de personal; para las horas punta no les vendría mal una nueva mano que haría más diligente el servicio. Pero son voluntariosos y tratan de conseguir que el visitante se sienta a gusto en su jornada de tapeo.

En cocina, a las horas de comida y de cena, trabajan continuamente elaborando pinchos recientes que sacan a la barra. La taberna funciona sin carta de pinchos, así que es el cliente, según lo que se encuentra ante sus ojos el que elije cuál le apetece tomar. Además de éstos, tienen una pequeña carta con embutidos, ensaladas y algunas raciones. En mis tres visitas al lugar me dediqué a “pinchear” sentado tras la barra, así que su carta aún no la he probado. De todos modos, por lo que se ve salir de cocina se trata de raciones generosas, bien presentadas y, si mantienen la misma calidad que en sus pinchos, seguro que muy apetecibles.

Los pinchos, para mi claramente los protagonistas del local, son siempre muy variados, elaborados mayoritariamente con productos de temporada, algunos de ellos curiosos y originales, y siempre sabrosos y de buena calidad. En la taberna podremos encontrar desde los tradicionales pincho de tortilla o de jamón ibérico, hasta un capuccino de tomate y parmentier de queso o un maki de guacamole y langostinos. Además, su tamaño hace que con dos o tres pinchos y un postre puedas comer o cenar sin quedarte con hambre, con lo que la cuenta no se dispara al no tratarse de miniaturas de un solo bocado. Cada pincho nos costará unos 3 euros, pero para tomar en barra tienen dos menús que harán la visita algo más económica: el “menú express”, dos pinchos + bebida por 5,95 € (IVA sin incluir); y el “kit de 6 pinchos + botella de vino” por 20 € (IVA sin incluir).

Por comentar algo de lo que he probado en mis vistas, destacaría: la lasaña de verduras y chipirones, con la verdura natural y bien pochadita, y la pasta al dente; la tosta de secreto ibérico y verduras, rica y jugosa; la sopa de melón con jamón ibérico, sabrosa y bien conjuntada; o el hojaldre de trompetas de la muerte, potente de sabor pero suave en su textura.

Otro de los elementos importantes a la hora de ir a tapear a cualquier taberna es la bebida. En Vergara 78, además de un par de cervezas de importación y la mahou clásica de grifo, encontramos catorce referencias distintas para tomar vinos por copas. No se trata de grandes vinos, pero sí una buena variedad de “clase media” enológica a un precio bastante razonable (unos 2 € por copa de vino); aunque de ellos sólo tres sean blancos, es de valorar el surtido que ofrecen. Como muchas veces he defendido en este blog, el vino es también parte de nuestra gastronomía, y como tal también ha de ser un elemento importante a tener en cuenta.

Para concluir, destacar también la estupenda torrija que pude degustar en una de las ocasiones. Supongo que no será un postre que ofrezcan durante todo el año, pero si casualmente podemos dar con él, no deberíamos dejarlo escapar.

En definitiva, Vergara 78 es una taberna de aire tradicional, donde encontramos pinchos de calidad, y que resulta una buena opción para un picoteo no demasiado formal; y en la que la visita de pinchos en barra saldrá por unos 8 ó 10 euros (vino sin incluir).

UBICACION: Príncipe de Vergara, 78

PUNTUACION:

Ambiente: 6,5
Servicio: 6
Comida: 6

PUNTUACION MEDIA: 6,125

Asiana Next Door

Publicado 19 marzo, 2010 por gastronomodesaparecido
Categorías: Restaurantes en Madrid

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Pero no tanto…

Martes por la noche. Ando por el centro. Y de repente, sin venir a cuento, me entra un antojo ¿Qué tal algo exótico para cenar? Entonces recuerdo que hace no mucho llegó a mis manos el menú que ofrecen en Asiana: exótico y muy apetecible. Puede ser buena opción; pero quizás sea demasiado capricho para un antojo de martes, y además sin reserva ni nada… no lo veo claro. Aunque bueno, podría probar suerte a ver si hay mesa en el hermano pequeño; también he escuchado buenas referencias de él y es bastante más económico. Así que me dirijo a la pequeña Travesía de San Mateo donde se ubican ambos restaurantes y, afortunado de mi, les queda una mesita libre.

Nada más entrar percibimos el aire acogedor que desprende. Un local íntimo y de luz ténue. Se encuentra dividido en tres pequeñas salitas con lugar para unos treinta y cinco comensales. Su diseño es un tanto curioso, mezcla la recia madera de las barras, mesas y sillas, con una moderna iluminación, de luces indirectas, a base de focos apuntando a las paredes; mezcla unas paredes lisas en blanco y toques de decoración oriental con parte de antiguo ladrillo al aire. Una mezcla retro-fashion que resulta interesante y original. Una lástima que al diseñador de este espacio gastronómico se le escapara un pequeño pero importante detalle, la acústica. Ya que si a una acústica algo deficiente le sumamos una ambientación musical un punto más alta de lo debido, tenemos como resultado un lugar bonito y curioso, pero en el que al llenarse se forma demasiado follón para resultar del todo agradable.

El servicio, al menos en mi visita de la otra noche, resultó claramente deficiente; con defectos aceptables en un restaurante medio, pero que no son de recibo para un lugar de categoría. No sé si coincidió que el restaurante estaba falto de efectivos, o que la pericia de los camareros que atendían no era la suficiente para hacerse con toda la sala, pero se les veía descoordinados y desbordados por la situación. El vino llegó a la mesa después de los tres primeros entrantes, la explicación de los platos resultaba demasiado atropellada, los tempos de servicio del menú bastante deficiente (o traían tres platos casi al tiempo o esperabas más de diez minutos sin nada en la mesa), la cuenta hubo que pedirla varias veces… Bueno, sin duda un aspecto que el Next Door debería cuidar mucho más.

En su carta, el restaurante presenta una amplia selección de platos de base asiática, algunos de ellos fusionados con toques latinoamericanos y seguro que todos con el sello personal de su Chef, Jaime Renedo; variada, seductora y muy apetecible. Para los novatos en cocina de este estilo puede resultar un pequeño galimatías, un texto complicado de comprender y quizás encontrarse sin saber qué pedir. Para estos, y para los que nos gusta probar una pequeña selección de lo que en la casa se cocina, Asiana Next Door ofrece un menú degustación por 35 euros (IVA y bebida sin incluir), que en mi caso estuvo compuesto por tres pequeños entrantes individuales, tres platos para compartir, una sopa para cada comensal, un plato de carne y un postre también para compartir.

En líneas generales me resultó una experiencia bastante interesante, sin llegar a seducirme en exceso, seguramente sin colmar mis exigentes expectativas; pero sin duda con la calidad culinaria requerida para justificar el precio del menú. Combinaciones de sabores originales y bien elaboradas. Mezclas de mariscos con cítricos, verduras con salsas orientales, carnes con currys algo picantes. Conjugando especias asiáticas, platos thailandeses, cocina vietnamita, toques peruanos… Fusión de cocina exótica, ideal para quitarme el capricho de probar algo distinto.

Como antes decía, quizás mis expectativas eran demasiado grandes y esperaba sumergirme en un mar de sensaciones extraordinarias, quién sabe si llegar a emocionarme con alguno de los platos, gozar sentado en la mesa de uno de los restaurantes más de moda de la ciudad… Desgraciadamente nada de eso se produjo; aunque sí tuve la sensación de haber probado una cocina interesante y de vivir una experiencia agradable y diferente.

Si tuviera que destacar algo, me quedaría con el inicio de la cena y con su final. Muy atractivo el dúo de entrantes con los que comienza el menú, un pequeño bocadito que actúa de carta de presentación, de introducción a lo que es Asiana; el “Kimuchi de zamburiñas” y los “Choritos Nam Jim“, refrescantes y sabrosas uniones de marisco y cítricos. Y los postres, originales y seductoras combinaciones de texturas e ingredientes, tanto las “Mangas con sorbete de manzana ácida y espuma de mascarpo-wasabi” como la “Esponja de té verde con mandarina, chocolate blanco y sésamo negro” lograron seducirme con su especial selección de ingredientes y su deliciosa conjunción.

A destacar también una carta de vinos, original, algo corta y quizás excesivamente hinchada en sus precios (aunque consultando su web veo que tienen una carta de vinos muchísimo más extensa y completa que la que a mi me presentaron). Un interesante servicio de cocktelería, del que puedes disfrutar en la barra mientras esperas mesa o una vez acabada la cena. Y el que, al menos la otra noche, doblaron mesas incluso a las doce de la noche; no sé a qué hora cerrarán la cocina o si esta práctica será muy habitual, pero para cenas de última hora, aquí parece que tenemos opción.

En definitiva, en Asiana Next Door encontraremos una cocina exótica, atractiva e interesante, pero en conjunto el restaurante no acaba de cuajar del todo por defectos accesorios a su cocina pero importantes para el comensal; y en donde mi cena salió por 40 euros (vino sin incluir).

UBICACION: Travesía de san Mateo, 4

PUNTUACION:

Ambiente: 6
Servicio: 5
Comida: 6,5

PUNTUACION MEDIA: 6

Sergi Arola Gastro

Publicado 30 diciembre, 2009 por gastronomodesaparecido
Categorías: Restaurantes en Madrid, Restaurantes Estrella Michelín

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Emociones.

Cuando vamos a un restaurante, la comida que en él probamos, sin duda nos produce ciertas sensaciones: primeramente percibimos visualmente las características del plato, después vienen las olfativas, y tras ellas, las más importantes, las sensaciones gustativas que el plato provoca en nosotros. Esto nos sucede a diario cada vez que nos sentamos a una mesa, a veces las percibimos de una manera más notoria y otras apenas nos percatamos de ellas. Esas sensaciones pueden ser más o menos placenteras, pero la comida siempre provoca alguna reacción en el comensal. Lo complicado, eso que rara vez sucede y que algunos anhelamos con encontrar, es que este conjunto de sensaciones que ha provocado un plato en nosotros llegue a EMOCIONAR. Entonces, uno se da cuenta de que aquello que tiene delante de sí, aquello que se está llevando a la boca, no es un simple plato de comida, es una obra de arte. Y al día siguiente, muchas horas después de terminada la cena, uno aún recuerda aquellos olores, aún siente en su boca aquellos sabores que le llegaron a emocionar, como si aún pudiera estar degustando aquella maravilla, porque el recuerdo de aquel bocado aún perdura en las papilas gustativas… Esas sensaciones, por mucho que yo me empeñe en explicarlas, nunca llegarán completamente a describirse, para entenderme habría que vivirlas.

Hace un par de semanas, poco después de que la guía Michelín confirmara las fulgurantes dos estrellas del 2009 para el Sergi Arola Gastro, fui a cenar al restaurante que el chef catalán tiene en la calle Zurbano. Sin duda, y esto no lo digo yo sino la mayoría de guías que hablan de la gastronomía en la capital, uno de los mejores restaurantes de Madrid. Después de haber probado en dos ocasiones su cocina en La Broche, tenía ganas de conocer como había concebido su propio restaurante, esta vez sin el amparo de una cadena hotelera. La vivencia que hoy os cuento, con momentos de verdadera emoción culinaria, fue una de mis mejores experiencias gastronómicas.

El local, con capacidad para unos treinta comensales, es un claro ejercicio de diseño moderno. Sin apenas decoración, la sala en forma de pasillo ancho está únicamente ocupada por las amplias mesas que dan cobijo a los clientes y por un funcional mueble que hace de pared con la cocina; pura teoría del aprovechamiento del espacio, eso sí con mucho diseño. Quizás tras esta sucinta descripción pueda parecer un espacio algo frío, pero la luz tenue que le aplican consigue dar ese punto de calidez que resulta necesario para que el local resulte en cierto modo acogedor.

El servicio de sala es diligente y eficaz; aunque en mi opinión, un restaurante con dos estrellas Michelín y cuya cuenta no bajará de los 150€ por persona debería cuidar más algunos detalles para lograr la perfecta armonía que se espera del lugar. Algunos pequeños fallos de coordinación entre los camareros a la hora del servicio de alguno de los platos, que la primera copa de vino del maridaje llegue tarde a la mesa o que falte pan a alguno de los comensales, son ligeros detalles en los que ha de poner más atención un restaurante de esta categoría. Otro de los aspectos que a mi parecer debería mejorar es la calidez en el trato con el cliente; exceptuando la actitud del sumiller que estuvo muy amable y cercano durante toda la cena, tanto la jefa de sala como el resto de camareros mantienen una postura excesivamente fría y con escasa complicidad con el comensal. Sutiles percepciones que le quedan a uno después de la visita y que mejoradas harían la estancia aún más agradable.

En cuanto a su carta, Sergi nos presenta una pequeña variedad de platos, aunque siempre creativos y muy apetecibles, que va cambiando cada mes. Su carta consta de cuatro entrantes, dos pescados, dos carnes y tres postres. El restaurante ofrece la posibilidad de degustar su propuesta a través de tres tipos de menús distintos, todos ellos precedidos de los correspondientes aperitivos y de tres entrantes que la casa incluye fuera de la carta: el “menú Gastro” que consiste en una degustación de todos los platos de la carta (los once platos + los tres entrantes comunes) a un precio de 160€; el “menú Sergi” en la que el comensal elije dos entrantes de la carta, un pescado, una carne y dos postres (nueve platos en total) por 125€; y el “menú básico” compuesto de siete platos a un precio de 105€. A mediodía también incluye la posibilidad de un “menú ejecutivo” algo más corto por 95€.

La cocina que Arola presenta en su restaurante es una sabrosa y creativa mezcla de elaboraciones tradicionales y sofisticadas; conjuntando perfectamente ambas para dar un resultado redondo, complejo pero en armonía; y donde respeta al máximo la excelente calidad del género que utiliza. Una cocina no exenta de sorpresas, pero en donde la depurada técnica no resta protagonismo al producto, al revés, lo potencia. En las tres ocasiones que he podido degustar la propuesta de este afamado Chef he probado un buen número de platos, y en cada uno de ellos, a pesar de la variedad de ingredientes y de los diferentes tratamientos dados a cada uno de ellos, siempre me he encontrado un plato excelentemente conjuntado, donde cada elemento combina perfectamente con los demás, donde cada ingrediente es complemento del resto para formar ese único conjunto que invade el paladar, y que como al principio decía, en ocasiones llega a EMOCIONAR.

En la visita del otro día, aprovechando que iba acompañado por otra buena amante de la gastronomía a la que como a mi le gusta probar todo lo que se le propone, pedimos un “menú Sergi” cada uno sin coincidir en ninguno de los platos elegidos; de esta manera ambos pudimos probar toda la oferta que el restaurante propone en su carta mensual.

Tras los pequeños aperitivos del comienzo, entre los que no podían faltar las famosas patatas bravas Arola, empieza el espectáculo sensorial. Tres pequeños entrantes para continuar abriendo boca, un “Conete relleno de tartar de cigalitas y boletus”, a degustar de un solo bocado para que el sabroso conjunto explote en la boca; unas “Judías verdes de Kenia con nueces frescas y helado de melocotón”, un plato equilibrado y refrescante; y un “Mouse de ostras con algas frescas y espuma de champagne”, una auténtica maravilla, pleno de sabor y delicado en su textura, una de esas emociones culinarias que antes os mencionaba, un conjunto que mi paladar aún recuerda; exquisito, complejo, sabrosísimo y equilibrado…

El menú continuó con un “Tartar de sardinas con helado de tomate especiado”, jugosísimo y conjuntado; y una “Crema de castañas asadas con puré de boniato y helado de panceta”, delicado y sabroso el puré y de nuevo perfectamente armonizado con el resto de elementos. A estos les siguieron otras dos maravillas, unas “Verdinas guisadas con erizos de mar y emulsión de sidra”, riquísimas, perfectamente guisadas y con un espléndido toque mar y montaña; y unas “Setas de temporada con codorniz escabechada y huevo pochado”, co-protagonismo de ingredientes formando un conjunto delicioso; increíbles las setas, perfectas de punto, estupendas de sabor y textura, complemento ideal de los tiernos y sabrosos muslitos de codorniz; cocina de temporada sutil y perfecta.

Tras esta primera hora sentado a la mesa, en la que uno no ha parado de gozar con el buen hacer culinario de Sergi Arola, el show continúa deleitando al comensal, vienen los pescados. “Salmonete cocido a baja temperatura con pepino, láminas de champiñones y cremoso de hinojo”; un salmonete excelente, de una calidad excepcional, cocinado suavemente para que el producto se exprese en plenitud; de nuevo las papilas gustativas enloquecen. Y un “Lomo de rape asado con alubias pintas”; nuevamente la combinación de mar y legumbre resulta exitosa, conjunto poderoso pero delicado y sobre todo, redondo.

Pasado ya el ecuador del menú propuesto, y después de la placentera combinación de sensaciones en el paladar bocado tras bocado, después de llegar a emocionarme saboreando alguna de las creaciones del menú, llegaron los platos de carne. Y quizás por este excepcional inicio de cena, superando con creces las expectativas creadas antes de cruzar el umbral de la puerta (que eran muchas, créanme), el último tercio de la velada me resultó menos cautivador… Tanto el “Venado con castañas y manzanas caramelizadas” como el “Lomo de cordero a baja temperatura con maíz y embutido” a pesar de ser platos equilibrados y sabrosos, no llegaron a producir en mi tan extraordinarias sensaciones como en alguno de los anteriores; ricos, eso sí, pero sin magia.

Los postres comenzaron con el “Mojito” de la casa, una esfera de mouse de lima con granizado de hierbabuena atomizado por ron añejo; original y sorprendente pero en donde para mi gusto el cítrico toma demasiada presencia. Continuamos con un “Pastel de avellanas y helado de jengibre”; el plato que menos me sedujo de toda la cena, quizás algo descompensado en su conjunto. Y para terminar, en el último postre de la velada, volvió la magia con el “Soufflé de coco y curry con helado picante de chocolate”; extraña combinación de ingredientes para lograr un postre delicioso, con todos sus elementos reconocibles en boca, pero tan sutilmente conjuntados en un delicado soufflé que cada bocado fue la guinda perfecta para una cena inolvidable.

Quisiera destacar también el fabuloso maridaje con el que el sumiller nos deleitó durante la velada; con vinos novedosos y peculiares, tocando diferentes partes de la geografía española y mundial, y todos ellos de una calidad indiscutible. La carta de vinos, bastante pasada de precio por cierto, resulta inabarcable debido al excesivo número de referencias que contiene; y dado que el menú combina platos de corte tan diverso, la opción de combinar cada plato con un vino adecuado a él se hace la más atrayente. En mi caso fueron 65€ de suplemento por persona por la bebida, pero después de sentir el buen hacer de Daniel Póveda consiguiendo en ocasiones una maravillosa armonía entre el plato y el vino elegido, puedo concluir que bien merece la pena el precio pagado.

Tampoco quisiera olvidarme de la estupenda coctelería que tiene el restaurante ubicada en la planta baja del mismo; una extensa selección de destilados, un buen profesional al mando de la misma y un ambiente relajado, cómodo y muy agradable, hacen de la misma la manera perfecta de concluir una vivencia emocionante.

En definitiva, Sergi Arola Gastro es uno de esos pocos restaurantes que logran que el comensal se evada por completo de sus preocupaciones diarias para zambullirse en una excitante aventura gastronómica; quizás la experiencia no esté al alcance de todos los bolsillos, mi visita salió por unos 135 euros (vino sin incluir), pero sin duda EMOCIONA.

UBICACION: Zurbano, 31

PUNTUACION:

Ambiente: 8
Servicio: 8
Comida: 9

PUNTUACION MEDIA: 8,5

Ex Libris

Publicado 25 noviembre, 2009 por gastronomodesaparecido
Categorías: Restaurantes en Madrid

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Insulso.

Desde este blog, en cada crítica gastronómica que hago, la sensación general que se desprende de cada lugar que comento va intensamente condicionada por el precio final de la cuenta. Siempre he pensado, que tanto a mi como a cualquier otro cliente, la relación calidad-precio de un restaurante es la ecuación básica que marca el grado de satisfacción final. El mismo menú en el mismo lugar no causa la misma impresión si su precio fue de 20 o fue de 80. Las expectativas que crea (y que ha de demostrar) un plato que cuesta 30€ no son las mismas que las de uno que cuesta tres veces menos. Esta es la clave principal para que salgas de un restaurante pensando “este lugar lo tengo que recomendar” o “aunque no comí mal, por ese precio no merece la pena”.

En el restaurante que hoy comento la cuestión de su precio va bastante condicionada por el método de reserva. Me explico, comer a la carta con un entrante, un principal y un postre por persona, rondará los 32€ por comensal; y si nos decidiéramos por su menú degustación el precio asciende a los 40€, en ambos casos sin contar la bebida. Pero si optamos por la opción del degustación y reservamos a través de internet (en la propia web del restaurante existe un enlace al efecto) el precio se reduce un 50%

Hace un par de días me llevaron a cenar a Ex Libris, el restaurante del hotel Infantas, situado muy próximo a la Gran Vía madrileña. El local decorado mayoritariamente a base de blancos y negros es cómodo y agradable. Mesas amplias, sillas cómodas y un agradable hilo musical en un espacio para unos cuarenta comensales.

El servicio que prestan en el restaurante es algo descuidado. Los camareros son correctos, amables y en la relación con el cliente bastante agradables; pero les falta ser más disciplinados en su tarea para llegar a ofrecer la adecuada atención a la mesa. En demasiadas ocasiones se encontraba la sala sin personal para atenderlas, y eso que aquella noche no había más de cuatro mesas ocupadas; y a la hora de solicitar la cuenta tuve que esperar un buen rato hasta que alguien apareció para pedirla.

Con respecto a la cocina, ellos se definen como restaurante tradicional con toques de autor. En la carta de otoño-invierno que tienen ahora, ofrecen una docena de entrantes, seis carnes y seis pescados. La verdad que suena muy bien eso de “tradicional con toques de autor”, y es cierto que puede decirse que sí, que presenta platos de base tradicional con algún toque personal; pero también es verdad que suena mejor de lo que sabe. A mi, la cena de la otra noche me resultó bastante insulsa, con unos cuantos platos más bien flojos y otros pocos aceptables… pero nada más. Sinceramente lo mejor de la velada, aparte de la compañía, fue el Tagonius Syrah que nos acompañó desde el comienzo; sabroso, envolvente y equilibrado, redondo y con un punto goloso; una lástima que el menú servido no estuviera a su altura.

Conociendo de antemano el sistema de reservas que utiliza el restaurante y aprovechando el jugoso descuento que ofrecen online, el menú degustación fue la opción elegida para conocer el restaurante. Un menú compuesto por cinco entrantes, un pescado, una carne y dos postres; casi todos ellos platos que también ofrecen en carta, lo que permite al visitante hacerse una idea bastante amplia de la calidad del lugar.

Los cinco entrantes llegaron a la mesa todos a la vez, presentados en una bandejita alargada. Supongo que así es mucho más cómodo su servicio, pero estéticamente no creo que sea lo más apropiado, y sin duda totalmente desaconsejable cuando tres de ellos conviene tomarlos calientes. El surtido de entradas estaba compuesto por: una crema de verduras con confit de pato, algo insulsa; foie mi-cuit empanado de pistacho con mermelada de violeta, el foie correcto y la mermelada original y bastante buena; croqueta de jamón ibérico, con su bechamel cremosa y bien conseguida pero a la que le faltaba sabor a jamón; crujiente de queso brie, bastante sosete; y ensalada de salmón y brotes de soja, también bastante insulsa y a la que le faltaba su adecuado aliño.

El plato de pescado, un lomo de lubina con salsa de almendras y tallarines negros, estaba algo pasado de punto y no demasiado sabroso, plato correcto sin más. Y la carne, carrillera de ibérico estofada al aroma de vainilla con patatas panadera, fue quizás lo que más me gustó de toda la cena, sin entusiasmar, pero sabrosa y bien cocinada. Para finalizar, y como los entrantes también servidos al tiempo, el menú concluye con dos postres: sopa fría de chocolate blanco y tarta de queso; ambos bastante flojitos, insulsos y sin gracia.

Una cena variada, pero sin la calidad que requiere un menú de 40€. Aunque, hilando con lo que decía al principio de mi comentario, si pensamos que el precio pagado ha sido la mitad, en vez de salir del local pensando que te han estafado ¿de verdad cobran ese precio por lo mismo que me sirvieron a mi?, acabas con la sensación de que has cenado un menú aceptable… De todos modos, de insuficiente calidad para paladares exigentes.

Y por último destacar también, una carta de vinos bastante variada en cuanto a su número de D.O., aunque sin demasiadas referencias de cada demarcación, en la que abundan vinos de gama media, y a unos precios bastante aceptables.

En definitiva, la visita al restaurante Ex Libris resultará carísima (relación precio-satisfacción) si no se hace reserva previa, pero aceptable aunque algo anodina si realizas la reserva online; en mi caso la cena salió por 24 euros (vino sin incluir).

UBICACION: Infantas, 29

PUNTUACION:

Ambiente: 6,5
Servicio: 5,5
Comida: 5

PUNTUACION MEDIA: 5,5


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