Alvargonzález

Pequeña decepción.

Este pequeño hotel-restaurante de la localidad de Vinuesa fue mi primera parada de un pequeño tour por la provincia de Soria. Una pequeña ruta de tres días admirando sus bellezas naturales, descubriendo pueblecitos con encanto y tratando de buscar la calidad gastronómica que acompañase unos días con amigos. Al noroeste de la provincia encontramos este pequeño municipio muy conocido por ser la puerta de acceso a la preciosa Laguna Negra.

Ante mi desconocimiento de la restauración soriana opté por dejarme guiar por un par de allegados mejor informados y a través de la consulta a varias webs en las que los usuarios escriben sus experiencias en restaurantes; 11870 o verema son algunas de las que soy asiduo en mis visitas y toma de referencias. Para aprovechar bien este tipo de páginas hay que saber leer entre líneas y conocer un poquito a los que comentan, así podremos saber el criterio que tiene cada uno y tomar más en cuenta algunas opiniones que otras. Como todo en este amplio mundo de internet, incluyendo por supuesto a este modesto blog, hay que pisar con pies de plomo y no dar por verdades absolutas lo que uno lee. Cada uno tiene su perspectiva, sus gustos y sus condicionantes, y todos ellos influyen en la valoración de un libro, un vino, una película o un restaurante.

El luminoso salón de comidas del lugar, su ordenada distribución de mesas, dejando amplitud entre ellas para no agobiarse, y la buena impresión que causa ver una mesa bien vestida, sobre todo en pequeños pueblecitos de aire rústico, hacen augurar al cliente una grata experiencia. Este cuidado ambiente crea al visitante una buena predisposición de inicio, que desafortunadamente no acaba de cuajar según va transcurriendo la comida.

Un amable recibimiento y una carta no demasiado extensa pero bastante sugerente acaban de convencerme de que he acertado en la elección. Aunque muy a mi pesar, ya metidos en faena comienzo a desilusionarme… En el servicio de mesa les falta cuidar más algunos pequeños pero importantes detalles que hacen que la comodidad del cliente sea la adecuada para poder disfrutar de lo que preparan en cocina: mejorar en el servicio del vino, implicarse algo más con el cliente a la hora de las recomendaciones y explicaciones de los platos, y sobre todo, cuidar mucho más los tiempos de servicio. Quizás la anómala circunstancia de servir a una mesa con doce comensales, quizás la falta de logística en cocina para atender con propiedad a un grupo grande, o quizás la falta de experiencia en estas vicisitudes provocaron que los tiempos de espera entre cada plato (y pidiendo cuatro entrantes para compartir, al final suma demasiado) se hicieran claramente excesivos para poder disfrutar con propiedad de la comida. Puede que esto solo no condicione para salir disgustado del lugar, pero sin duda, no ayuda a la hora de recomendarlo.

En su carta, Alvargonzález nos ofrece un apetecible surtido de platos en los que, además de otros productos de la tierra, una amplia variedad de setas toma coprotagonismo en muchos de ellos; sin duda la tradición de una tierra de hongos marca mucho la gastronomía del lugar, como por otra parte no podría ser de otra manera. En ella encontramos ocho primeros, mezclando guisos, ensaladas y alguno que otro que sorprende por su originalidad; ocho segundos, entre los que predominan las carnes (sólo dos pescados), preparadas tanto guisadas como a la plancha y seis postres. Ni por su surtido de platos, ni por su presentación, ni por sus elaboraciones, nos hayamos ante un restaurante de corte tradicional. En Alvargonzález tratan de realizar una cocina original basada en productos de siempre. El resultado, para mí, más intención que realidad. El conjunto se queda en una cocina muy bien presentada, pero que en general se queda corta para las expectativas que crea.

Siendo un grupo grande uno aprovecha para en una sola visita probar gran parte de su oferta. Así que, tras el aperitivo de la casa, un pastel de cabracho bienintencionado pero insulso, comenzamos con los entrantes: El cremoso de queso, amable en su textura resulta también demasiado anodino; la ensalada de escabechados, con el escabeche suave y bien logrado no acaba de cuajar por lo insípida de su verdura; el potaje de garbanzos y langostinos, sólo aceptable; el risoto de boletus y foie, sin que se logre ese sabor y esa textura idónea en el arroz, se salva por sus estupendos boletus; y para terminar con este inicio de comida, la oblea de borraja rellena de boletus y verduritas, el único de los entrantes que sí consiguió seducir a mi paladar, sabroso y bien ligado es probablemente el mejor plato de los que pude probar.

Tras ellos, los principales mejoraron en algo las sensaciones de inicio, pero sin llegar a provocarme un disfrute culinario destacable. El cordero al chilindrón, estaba tierno y jugoso, pero al estofado le faltaba la fuerza necesaria para seducir; la parrillada de cordero, plato consistente en tres chuletas de cordero ¿a la parrilla?, bastante flojita; el magret de pato a la pimienta, correcto, aunque con la carne algo menos echa el plato quedaría mejor; y el crujiente de manitas de cerdo trufadas, interesante y original, pero al que le falta potencia gustativa para deleitar.

Y a los postres, más de lo mismo: buena pinta en su presentación, pero al llevárnoslo a la boca, más intención que realidad. La tarta de limón y el pastel de queso, sólo aceptables; siendo el brownie con helado y esmeraldas de menta el más logrado de los que probé, rico de sabor, suave en su textura y bien combinado con el helado y la menta.

En cuanto a su carta de vinos, corta y desmotivante, es algo que deberían tratar de cuidar mucho más. Tampoco cuesta tanto mantener en carta una veintena de referencias variadas y atractivas. Sin embargo, el 80% de la misma se compone de Riojas y Riberas tan clásicos que casi aburren; y si te apetece un blanco, sólo ofrecen dos Ruedas sin demasiado interés…

En definitiva, mi visita al restaurante Alvargonzález quedó en una pequeña decepción, un lugar con muy buena pinta pero que se queda en un simple aceptable en cuanto a su calidad gastronómica; y en donde mi comida del otro día salió por 31 euros (vino sin incluir).

UBICACION: Constitución, 20

PUNTUACION:

Ambiente: 6,5
Servicio: 5,5
Comida: 5

PUNTUACION MEDIA: 5,5

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