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El Garbí

30 octubre, 2010

Excelente A banda.

Hace algo más de un año un buen amigo me habló de una nueva arrocería en Madrid; aún a sabiendas de que una de mis debilidades gastronómicas es el arroz en paella y que suelo ser especialmente exigente con el plato, me aseguró que este nuevo lugar no me defraudaría. He tardado un tiempo en ir a degustar su cocina, y después de la visita, siento que no debí dejar pasar tanto sin probar el excelente arroz que sirven en la casa.

Siempre he tenido cierta predilección por la cocina de este pequeño cereal, y eso me ha llevado a buscar por los restaurantes de la capital ese arroz que me entusiasmase; aunque hasta ahora, por muy buena que fuera la arrocería, por mucha fama que tuviera el lugar o su cocinero, o por muy bien elaborado que estuviera el plato (y los he probado en bastantes lugares y algunos de ellos de calidad), nunca había encontrado una paella en Madrid que llegase al nivel de las degustadas por tierras levantinas. ¿Será la variedad del grano? ¿será el tipo de agua? ¿será la mano del cocinero? En la capital no se puede lograr, creía. Pero en El Garbí lo encontré; y bocado a bocado consiguió recordarme aquellos sabores añorados; y trasladarme a la playa de Pinedo, al grao de Castellón, a las huertas de Gandía, a Las Rotas en Denia…

Nos encontramos en un pequeño restaurante ubicado en pleno barrio de Salamanca. Aún conserva cierto aire del antiguo bar-restaurante de toda la vida que fue, aunque ahora remozado con un toque elegante y decoración marinera. Una pequeña barra nos recibe por si queremos una cerveza esperando la compañía. Con capacidad para unos treinta comensales la sala no destaca por un especial encanto, pero es lo suficientemente confortable y tranquila para poder centrarnos en lo que preparan en cocina.

Sobre el servicio que prestan, tampoco mucho que destacar. Amable y atento, cumple con eficacia su labor sin distraernos de lo relevante. Con algún pequeño defecto en los tempos de servicio de los platos (se nos juntaron en la mesa los dos entrantes que pedimos), o algo de tardanza para traer el vino solicitado (llegó a la mesa poco después del inicio de la comida), pero que en absoluto empaña las buenas sensaciones con las que abandonas el restaurante.

En su carta, El Garbí nos ofrece una docena de entrantes con marcada influencia mediterránea y sobre todo marinera; ocho segundos platos, carnes y pescados de elaboración tradicional, para los que osen no degustar alguno de sus arroces (sic!); un amplio surtido de arroces, del que, según me comentaron al final de la comida, varían por temporada; y una decena de postres, estos últimos con algún toque imaginativo en su elaboración.

Para comenzar la comida y dejándonos recomendar por la casa, dos entrantes: navajas a la plancha (a 12€ la ración de cinco) que se dejaban comer, pero sin destacar en demasía; y crujiente de carabinero con salsa al vermouth, éste realmente muy bueno, tanto el sabor del marisco, como su combinación con la pasta crujiente y la salsa; muy bien de punto y estupendo de sabor.

Y tras este pequeño preámbulo, llegó el ARROZ A BANDA. Al ser mi primera visita al restaurante recomendaron probar la estrella de la casa, según dicen en la carta tres veces galardonado internacionalmente (quizá pueda resultar presuntuoso mencionarlo en la propia carta, pero bueno, supongo que hay que venderse…). Y entonces, según llegaba el plato a la mesa, según comenzaba a paladear ese arroz, se paró todo, se detuvo el tiempo; la interesante conversación que mantenía se volatilizó, se hizo el silencio; y desde aquel primer tenedor repleto de granos hasta que el plato quedó vacío sólo pudimos concentrarnos en disfrutar de lo que nos llevábamos a la boca. El arroz perfecto de punto y textura, manteniéndose los granos enteros y sueltos entre sí, repletos de sabor a mar. Las gambas y los chipirones que lo acompañaban también excelentes. Una verdadera delicia. Como al principio de este post decía, recordando sabores añorados, un plato muy bien elaborado y de gran calidad, un excelente A banda.

¿Será la variedad del grano? ¿será el tipo de agua? ¿será la mano del cocinero? Seguramente son todas al tiempo. Un arroz de calidad, un marisco excelente, una mano maestra en la cocina…, que se conjugaron en ese arroz a banda que logró deleitar a este humilde gastrónomo. No sale precisamente económico, es verdad, 23€ por persona es un precio alto para lo que estamos acostumbrados, pero sin duda merece la pena pagarlos por una calidad así.

De postre probé el flan de moras silvestres, correcto sin más; aunque casi cualquier cosa me habría sabido a poco, después de tan singular experiencia.

A destacar también una carta de vinos correcta, que peca en demasía de referencias clásicas y en la que eché de menos más variedad de caldos levantinos. Y el magnífico detalle por parte de la casa de no tener prisa para que abandones el restaurante, permitiendo una extensa sobremesa.

En definitiva, en El Garbí podremos degustar un EXCELENTE ARROZ, sin nada que envidiar a exquisiteces valencianas, recomendación ineludible en Madrid para los amantes de este plato tan nuestro; hasta la fecha, el único que he probado en la capital que pueda compararse con aquellas deliciosas paellas levantinas; y en donde mi visita salió por unos 45 euros (vino sin incluir).

UBICACION: Don Ramón de la Cruz, 72

PUNTUACION:

Ambiente: 6
Servicio: 6
Comida: 8,5

PUNTUACION MEDIA: 7,25

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Los arroces de Segis

21 mayo, 2009

Buen arroz con interesantes toques rústicos.

Un intenso olor a leña tras cruzar la puerta, paredes de ladrillo, un aire rústico y una vetusta mesa de madera a la entrada… Tuve que dar media vuelta y volver a salir para ver si me encontraba en el lugar equivocado. Mi primera impresión, tras dar el primer paso en el interior del restaurante, fue que estaba en un antiguo asador segoviano. Pero nada más lejos de la realidad, detrás de esa desconcertante fachada hallé esLos arroces de Segis - Salata interesante arrocería.

Al final de la calle Infanta Mercedes, en una zona donde se asientan unos cuantos clásicos de la restauración madrileña, está ubicada esta arrocería de ambiente peculiar. Con sus techos altos, sus vigas de madera al aire, su mobiliario de antigua casa de comidas y sus paredes plagadas de fotografías de famosos. Se trata de un ambiente hogareño e informal; agradable en líneas generales, aunque con algún descuido que lo hace no del todo confortable.

El servicio es correcto aunque bastante poco formal. En todo momento te encuentras bien atendido, de manera diligente; pero también es cierto que sería de agradecer algo más de amabilidad, algo más de interés porque el comensal se encuentre del todo cómodo. Los distintos camareros que te atienden cumplen con su labor de manera eficaz, pero como decía, se echa en falta algo de espíritu, algo de complicidad con el cliente; quizás una sonrisa de vez en cuando…

En cuanto a su oferta culinaria, Los arroces de Segis nos presenta un único menú compuesto por cinco entrantes a compartir para toda la mesa, un arroz (a elegir entre seis distintos, tLos arroces de Segis - Pimiento picadoodos ellos arroces secos) y postre, incluyendo también bebida (aunque no el vino) y el café; todo ello por 32 euros sin IVA. Así que si no añadimos extras a su propuesta podremos probar un arroz bastante bien elaborado, bueno de sabor y a un precio bastante razonable. Con lo que el resultado es una arrocería tradicional con una relación calidad-precio bastante interesante.

Como entrantes, para ir comenzando mientras se cocina el arroz, nos sirven todo a la vez y de manera algo desaliñada: unas rebanadas de pan rústico tostado untadas de aceite y ajo, rico sabor mediterráneo muy de agradecer; su ensaladilla rusa, que aunque la presentan como “especialidad de la casa” me pareció simplemente correcta; un pequeño surtido de embutido, algo flojillo y no muy bien presentado; una ensalada, sabrosa y bien aliñada; y un estupendo plato de pimiento picado, realmente muy bueno y sabroso. Además, si queremos repetir de alguno de los entrantes no tendremos más que solicitarlo para que de manera casi inmediata nos repongan aquello que habíamos pedido.Los arroces de Segis - Arroz con conejo y serranas

Y, hablando por fin del arroz, la auténtica especialidad de la casa, éste se presenta a la mesa en su paella; como manda la tradición. Y en ella nos encontraremos una fina capa de arroz, muy bien cocinado y bastante bueno de sabor. En cuanto al punto y la textura del grano está bastante conseguida, aunque sin llegar a la excelencia de algunos maestros levantinos. Quizás será el agua, quizás será el ambiente, quizás será el arte… pero todavía en Madrid no he logrado encontrar esa paella perfecta de grano sueltecito y en punto que algunos privilegiados cocinan en la Comunidad Valenciana.

En mis dos visitas probé dos arroces diferentes. Me gustó mucho el sabor del típico de la casa, el arroz con conejo y serranas; bien conjugados los Los arroces de Segis - Arroz con marisco peladomatices de la verdura y la carne, y con un muy interesante toque rústico que le da la cocina en leña. Quizás si consiguieran dejar el arroz más suelto sería ya excelente, pero bueno, como digo, muy rico.
El otro que opté por probar fue el arroz con marisco pelado; éste mejor en su textura, aunque en esta ocasión eché en falta algo más de potencia de sabor. De todos modos, esta segunda visita también me gustó, e igualmente salí contento de su calidad en la materia prima y de su elaboración.

En definitiva, y por no extenderme demasiado, Los arroces de Segis presenta en un ambiente con toques rústicos, un arroz de calidad a un precio bastante interesante; mis visitas salieron por unos 35 euros (bebida incluida excepto vino a la carta).

UBICACION: Infanta Mercedes, 109

PUNTUACION:

Ambiente: 5,5
Servicio: 5
Comida: 7

PUNTUACION MEDIA: 6,125

St. James

23 marzo, 2009

Un arroz elegante.

Como ya he manifestado en alguna otra ocasión, este gastrónomo siente especial debilidad por los arroces. Será porque corre sangre valenciana por sus venas, será porque es un plato tan típico de nuestra gastronomía que a cualquiera de nosotros nos puede deleitar, o quizás será porque es un ingrediente tan versátil que admite casi cualquier compañero de viaje y variadas texturas en su elaboración. Sea como fuere, debido a esta devoción incondicional, iré recorriendo, poco a poco y con vuestra compañía y colaboración, la oferta arrocera de la capital; a ver si entre todos conseguimos dar con su mejor versión.

Después de mi visita de hace unos meses a Samm, y de probar el arroz que preparan en Bellalola, hoy toca hablar de St. James, otra de las arrocerías más famosas de Madrid. Dispone de tres locales donde poder probar su especialidad, dos en el barrio de Salamanca (Juan Bravo, 26 y Núñez de Balboa, 123) y el otro en la Avda Casa Quemada, en el km 15 de la A-6, este último con varios salones donde permiten la celebración de eventos y acontecimientos familiares. Varias han sido mis visitas, y en ellas he podido conocer los dos locales de la capital; ambos del mismo estilo y similares características en ambiente, decoración, servicio y calidad culinaria. Este dato nos hace ver que tienen una idea muy clara de lo que quieren, y que su filosofía de trabajo es aplicada sea cual sea la sede que visitemos.St. James Núñez de Balboa - Entrada

El lugar desprende un aire elegante, muy propio del barrio en el que se encuentra, uno de los más selectos de la ciudad. Mesas amplias, decoración clásica con toques marineros, mantelería, vajilla y cristalería de calidad… En general, bastante tranquilo y agradable. No es que brille por su diseño o que sea extraodinariamente acogedor, pero sí es de notable comodidad, su característica más a destacar.

El servicio, acorde con el ambiente que percibimos, es ceremonioso, correctísimo y muy educado. Seguramente acostumbrado a visitas de adinerados comensales, su trato es, sobre todo, elegante. Manteniendo bastante las distancias con el cliente, con lo que se torna en algo frío; cuidando los detalles protocolarios y tratando de tener la mesa siempre bien atendida. En definitiva el servicio que prestan es bueno, aunque para mi gusto excesivamente formal.

En su carta nos presentan una docena de entrantes, platos sin demasiada elaboración donde la materia prima es la protagonista: alguna ensalada, jamón ibérico, anchoas, algo de marisco… Y alrededor de veinticinco maneras diferentes de combinar un arroz; desde los clásicos a banda o la pella valenciana, hasta arroces con caza, melosos con marisco o secos con verduras. No ofrecen ninguno excesivamente creativo, pero la variedad es notoria para poder satisfacer casi cualquier apetencia. Tras la sucinta descripción del restaurante que se ha hecho anteriormente, podemos imaginar que los precios de los arroces no son precisamente económicos; éstos fluctúan desde los 23 euros por persona de la paella valenciana, hasta los 48 del arroz con langosta. Y sus cantidades, algo también a tener en cuenta para un primerizo en St. James, son bastante generosas (medio entrante y un arroz por persona es más que suficiente); de hecho, si se desea pedir varios entrantes yo aconsejaría pedir arroz para menos comensales de los sentados a la mesa; de todos modos el maitre suele recomendar bien con respecto a las cantidades.St. James Núñez de Balboa - Sala pequeña

En cuanto a los entrantes, aunque tampoco he probado muchos ya que lo que interesa de St. James es su arroz, me parecieron correctos sin más; no resaltaría ni sus puntillitas, ni sus chipirones, ni su ensalada de tomate raf, sólo los berberechos al vapor me parecieron destacables.

Pero bueno, entremos en profundidad en lo que de verdad nos interesa, a lo que hemos venido, ¿es merecida su fama arrocera? o ¿sólo se trata de fama sin ninguna calidad? En las ocasiones que he ido a St. James he probado siempre arroces secos, el a banda (su especialidad), la paella valenciana y el arroz con verduras. Todos ellos presentados en paellas de buenas dimensiones, con lo que queda un fina capa de arroz; bastante bien de punto y ricos de sabor. La verdad es que decir que son los mejores arroces de Madrid (como ellos mismos ponen en su publicidad) me parece algo exagerado; pero que trabajan bien el producto, que usan materia prima de buena calidad para sus elaboraciones, y que consiguen una rica paella, es indudable. Quizás para los que hemos podido degustar auténticas maravillas por tierras levantinas, su arroz no nos acabe de entusiasmar; pero como digo, la fama es merecida, el que coma en esta arrocería podrá probar una buena paella. Eso sí, de lo que no me cabe duda, es que toca rascarse el bolsillo; St. James es, seguro, una de las arrocerías más caras de la capital.

A destacar también una carta de vinos bastante clásica, con muy pocas referencias en vinos blancos, y escasísima en blancos fermentados en barrica (un maridaje que me suele gustar para los arroces). Y en cuanto a sus postres: la casa recomienda, la tarta fina de manzana con helado de vainilla; que no está mal, sin más; y el sufflé ligero de chocolate negro; distintas texturas de chocolate caliente, suave y sabroso; muy bueno.

En definitiva, en St. James disfrutaremos de una estancia tranquila y agradable, y podremos probar un buen arroz; y en donde la cuenta ascenderá, tomando arroces no demasiado subidos de precio, a unos 45 euros (vino sin incluir).

UBICACION: Juan bravo, 26 / Núñez de Balboa, 123 / Avda Casa Quemada, 1

PUNTUACION:

Ambiente: 7
Servicio: 7
Comida: 7

PUNTUACION MEDIA: 7

Samm

4 diciembre, 2008

Un buen arroz no basta.

Algunos, no sé si seremos pocos, entendemos ir a comer a un restaurante como un conjunto de factores que nos hacen disfrutar de la comida. Cierto que la calidad de esta es lo más importante, pero comer fuera de casa debe estar acompañado de un trato amable y de encontrarnos en un lugar confortable. Si descuidas esos factores que rodean a la degustación culinaria, el conjunto no cuaja, y menos aún cuando la cuenta se dispara a precios de estrella michelín. Samm nos ofrece la paella (su arroz señoret) como plato principal y casi exclusivo; un arroz de indiscutible calidad acompañado de un servicio y un ambiente que dejan muchísimo que desear.

El restaurante tiene un salón interior con capacidad para unos treinta comensales, decorado estilo tradicional, pero demasiado bullicioso, con mesas pequeñas y demasiado pegadas; así que no resulta demasiado confortable. Además, habilita una carpa exterior, montada con mesas y sillas de plástico, de esas que abundan en las terrazas de verano, suelo de ducha de gimnasio, y setas para el frío, con las que te asas si estás cerca. Y, debido a la gran afluencia de clientes, lo más probable será que nos toque comer en este habitáculo. El salón interior es relativamente cómodo, pero la carpa es de todo menos confortable o acogedora; sillas incómodas y follón, mucho follón. Digamos que el ambiente de Samm es más parecido al de un chiringuito de playa que al de un restaurante serio de la capital.

En cuanto al servicio no me extenderé mucho. Basta decir que está en consonancia con su ambiente. El trato es de bar cutre. Sin carta, sin interés, sin demasiada atención por parte de los camareros, que además carecen de la necesaria corrección en la relación con el cliente. Digamos que sales con la sensación de que el trato al cliente no es importante para la gerencia del restaurante, que tiene contratado poco personal y poco cualificado.

Pero bueno, hablemos de arroz, la estrella del lugar. Sinceramente jamás pensé que en la capital pudiera probar una paella con la textura y el punto que sólo consiguen los buenos establecimientos levantinos. Y en Samm mis sensaciones fueron bastante parecidas. La paella es finísima y el punto del arroz perfecto. Consiguen que quede sueltecito y con ese ligero socarrat que tan bien le viene a la paella. Ya digo, su textura es estupenda; aunque para que el conjunto sea perfecto le fallan dos aspectos: el sabor y el precio. En cuanto al sabor, esa mezcla que hacen entre la verdura, la sepia y el pollo queda en un “ni chicha ni limoná“. Quizás hemos topado con un gastrónomo excesivamente purista en paellas, pero esa combinación tan madrileña que es la “paella mixta”, no me acaba de convencer. La paella lleva pollo, conejo y verduras, o como arroz a banda, pescado y marisco; pero esta mezcla de sabores (sepia, pollo y verdura) que hacen como especialidad, no me parece que conjuguen de la manera más apropiada. Aún así, el arroz que preparan en Samm, está bastante bueno y como antes comentaba, con una textura complicadísima de encontrar por estas tierras interiores. En cuanto a su precio, valorando el coste de la materia prima que lleva la elaboración del plato, el ambiente más bien cutre y el trato que sufres, cobrar 21 euros por ración de arroz, me parece realmente escandaloso.

Podría también comentar algo acerca de las raciones que sirven de entrante, más bien escasas y más bien caras; de sus postres, bastante flojitos y a 5 euros cada uno; o acerca de su pobre carta de vinos; pero a Samm sólo se va a probar su arroz, el resto no es ni siquiera accesorio. Y visto lo visto, para los dueños todo lo que no sea el arroz, les resulta tan banal que lo descuidan sobre manera; como si lo único importante fuera hacer caja.

En definitiva, en el restaurante Samm podremos probar una buena paella, sin llegar al excelente; y de paso sufrir el follón de su chiringuito y el desdén de sus camareros. Y todo por la inestimable cantidad de 39 euros (vino sin incluir).

UBICACION: Carlos Caamaño, 3

PUNTUACION:

Ambiente: 3,5
Servicio: 3
Comida: 7

PUNTUACION MEDIA:5,125