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Vergara 78

7 abril, 2010

Pincheando.

Una de las prácticas gastronómicas que más nos gustan a los españoles, una manera diferente de entender una comida; algo que, aunque no soy demasiado viajado, muy poco he visto fuera de nuestras fronteras (aparte de en tabernas españolas que florecen en muchas capitales del mundo). Algo que ya es parte de nuestro acervo cultural y uno de nuestros imputs más importantes para el turismo extranjero. Porque gastronomía es cultura, qué narices. Aunque muchas administraciones públicas no la reconozcan como tal y no la ayuden y potencien como se merece, nuestra tradición culinaria y nuestra idiosincrasia gastronómica es CULTURA.

¿Quién no ha ido de pinchos/tapas/tostas alguna vez? ¿Quién no ha salido de picoteo en una noche con amigos? Ya sea en el bar cutre que tenemos al lado de casa, o en uno de los gastrobares de última generación que se están poniendo de moda. Pues eso, y perdonad que me enrolle en hacer apología cultural de la gastronomía, pero la pasión me pierde, eso es Vergara 78. Una taberna bien montadita con una filosofía basada en el pincho. ¿Adalid del acervo español? No, simplemente una nueva apuesta por lo nuestro de siempre.

Porque no sólo de cocina sofisticada vive el hombre, hace pocos meses abrió en pleno barrio de Salamanca esta taberna de aire tradicional que ofrece pinchos de todos los colores. Un lugar limpio y ordenado; agradable para tapear, que se nota montado con cariño y esmero. Una amplia barra nos recibe y sirve de cobijo para los más informales. Tras ella también encontramos un pequeño espacio con seis o siete mesas, tranquilo lugar para unas veinte personas picoteando.

En el servicio que prestan también percibimos el cariño que ponen en su trabajo; tratando de agradar a la clientela, con una sonrisa detrás la barra y amabilidad atendiendo las mesas. Recomendando con gusto un vino o sugiriendo el pincho especial del día. Sí que es cierto que en ocasiones se echa en falta algo de personal; para las horas punta no les vendría mal una nueva mano que haría más diligente el servicio. Pero son voluntariosos y tratan de conseguir que el visitante se sienta a gusto en su jornada de tapeo.

En cocina, a las horas de comida y de cena, trabajan continuamente elaborando pinchos recientes que sacan a la barra. La taberna funciona sin carta de pinchos, así que es el cliente, según lo que se encuentra ante sus ojos el que elije cuál le apetece tomar. Además de éstos, tienen una pequeña carta con embutidos, ensaladas y algunas raciones. En mis tres visitas al lugar me dediqué a “pinchear” sentado tras la barra, así que su carta aún no la he probado. De todos modos, por lo que se ve salir de cocina se trata de raciones generosas, bien presentadas y, si mantienen la misma calidad que en sus pinchos, seguro que muy apetecibles.

Los pinchos, para mi claramente los protagonistas del local, son siempre muy variados, elaborados mayoritariamente con productos de temporada, algunos de ellos curiosos y originales, y siempre sabrosos y de buena calidad. En la taberna podremos encontrar desde los tradicionales pincho de tortilla o de jamón ibérico, hasta un capuccino de tomate y parmentier de queso o un maki de guacamole y langostinos. Además, su tamaño hace que con dos o tres pinchos y un postre puedas comer o cenar sin quedarte con hambre, con lo que la cuenta no se dispara al no tratarse de miniaturas de un solo bocado. Cada pincho nos costará unos 3 euros, pero para tomar en barra tienen dos menús que harán la visita algo más económica: el “menú express”, dos pinchos + bebida por 5,95 € (IVA sin incluir); y el “kit de 6 pinchos + botella de vino” por 20 € (IVA sin incluir).

Por comentar algo de lo que he probado en mis vistas, destacaría: la lasaña de verduras y chipirones, con la verdura natural y bien pochadita, y la pasta al dente; la tosta de secreto ibérico y verduras, rica y jugosa; la sopa de melón con jamón ibérico, sabrosa y bien conjuntada; o el hojaldre de trompetas de la muerte, potente de sabor pero suave en su textura.

Otro de los elementos importantes a la hora de ir a tapear a cualquier taberna es la bebida. En Vergara 78, además de un par de cervezas de importación y la mahou clásica de grifo, encontramos catorce referencias distintas para tomar vinos por copas. No se trata de grandes vinos, pero sí una buena variedad de “clase media” enológica a un precio bastante razonable (unos 2 € por copa de vino); aunque de ellos sólo tres sean blancos, es de valorar el surtido que ofrecen. Como muchas veces he defendido en este blog, el vino es también parte de nuestra gastronomía, y como tal también ha de ser un elemento importante a tener en cuenta.

Para concluir, destacar también la estupenda torrija que pude degustar en una de las ocasiones. Supongo que no será un postre que ofrezcan durante todo el año, pero si casualmente podemos dar con él, no deberíamos dejarlo escapar.

En definitiva, Vergara 78 es una taberna de aire tradicional, donde encontramos pinchos de calidad, y que resulta una buena opción para un picoteo no demasiado formal; y en la que la visita de pinchos en barra saldrá por unos 8 ó 10 euros (vino sin incluir).

UBICACION: Príncipe de Vergara, 78

PUNTUACION:

Ambiente: 6,5
Servicio: 6
Comida: 6

PUNTUACION MEDIA: 6,125

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Declaración de intenciones

23 septiembre, 2008

En este, mi humilde espacio en la red, me dedicaré a comentar uno de los mayores placeres vitales en este mundo que nos ha tocado vivir: LA GASTRONOMIA.

Aquellos a los que comer les resulta un trámite, una obligación, o simplemente lo hagan para sobrevivir, lo lamento por ellos.

Aquellos que pretendan disfrutar de lo que se llevan a la boca, valoren la calidad del producto y la manera de cocinarlo. Aquellos para los que ir a un restaurante sea algo más que un rito social y quieran descubrir lugares que entusiasmen a sus papilas gustativas…

A estos, espero que mis críticas les sirvan de ayuda para denostar aquellos restaurantes que son sólo fachada, que tratan de engañarnos con cocina vulgar, nos saquean la cartera y nos destrozan el paladar. Y que logremos descubrir lugares donde el cuidado por la gastronomía y por el cliente nos hagan gozar de una de las artes más deliciosas que existen.

Esta será una labor anónima y desinteresada; comentaré aquellos restaurantes que por una razón u otra me llamen la atención, aquellos a los que me plazca acudir; siempre abierto a cualquier sugerencia que podáis hacerme.

Sin más, os dejo con este humilde rincón, cuyo nombre ha inspirado aquel célebre suizo que cenó en El Bulli sin rascarse el bolsillo; esperando, que a mi me sirva de desahogo y a vosotros de ayuda.