Creatividad y calidad a un precio bastante razonable.
Por motivos laborales tuve que desplazarme a Cáceres hace un par de semanas. La breve estancia en la ciudad sólo me permitiría una cena tranquila, y quería aprovecharla para conocer algún lugar nuevo saliéndome de los tres o cuatro clásicos que tienen su sede en la villa extremeña. Tras una pequeña investigación en la red mis opciones se redujeron a tres restaurantes. Un breve paseo por la ciudad acercándome a cada uno de ellos me hizo decidir por el que hoy comento, el restaurante Botein. El resultado, muy satisfactorio.
Hace un par de años abrió sus puertas este coqueto restaurante, y poco a poco va tratando de hacerse un hueco entre las mejores cocinas de la ciudad. Presenta una cocina moderna, con toques creativos, sin olvidarse de los productos de la tierra. Utilizando materia prima de buena calidad y ofreciendo interesantes elaboraciones y juegos de ingredientes. Una carta muy apetitosa a un precio bastante razonable, junto con el cuidado ambiente de su sala, fueron las claves que me sedujeron para aquella cena en la capital cacereña.
El local es tranquilo y agradable; se siente construido con esmero para que el cliente esté a gusto en la sala. De corte moderno, con mucho diseño; alternando colores fríos y cálidos, y con una amplia cristalera al fondo desde donde vemos parte de su atareada cocina. Cuidando bien los detalles para que el lugar genere una excelente impresión; la música y la iluminación, las mesas amplias y bien vestidas, la temperatura, los baños, los detalles decorativos… Se ha logrado crear un atractivo espacio que prepara al comensal para una placentera velada.
Su servicio acentúa esa agradable percepción del local. Amable, simpático, sonriente, educado, y muy atento en todo momento. Llevando perfectamente los tempos de la comida, presentando diligentemente los platos solicitados, aconsejando con entusiasmo las especialidades de la casa, y siempre tratando que el cliente se encuentre a gusto a la mesa. Quizás la otra noche estuvo algo escaso de efectivos (sólo atendían el jefe de sala y una camarera); personal suficiente para los doce comensales que estuvimos, pero no habrían dado abasto si se completan las más de treinta sillas de la sala principal. En todo caso, el trato por mi recibido fue muy agradable y cordial.
En carta, el restaurante presenta un pequeño surtido de entrantes para compartir, tres individuales para picar, media docena carnes y otros seis pescados. Toda ella muy apetecible. Además, ofrece un menú degu
stación de siete platos servido a mesa completa, a 52 euros por comensal. Como antes decía, se trata de una cocina moderna, con toques imaginativos y con interesantes combinaciones de ingredientes y texturas. Todo lo que pude probar, preparado con materia prima de buena calidad; aunque en algún que otro caso, algo imperfecto en los puntos de elaboración.
En esta ocasión me decidí por pedir a la carta dejándome guiar por el maitre, y así poder degustar las especialidades de la casa. Para comenzar, los recomendados “Tallarines de calamar con langostinos envueltos en calabacín”; riquísimos tallarines de sabor marino conjugados perfectamente con una sutil salsa a base de tinta de calamar; suaves y sabrosos, un gran acierto; fue una lástima que los
langostinos que los acompañan no estuvieran a la altura, bastante más insulsos y algo pasados de punto. La cena continuó con el “Papillot de verduras”; espárragos, berenjena, calabacín, setas de cardo, brécol, tomate… verduras de buena calidad, aunque debieron cocinarse todas a la vez y sus puntos de cocción no fueron en todas el más adecuado.
En cuanto a los platos principales probé: Su “Crep relleno de buey de mar y centollo del cantábrico”; crep suave, jugoso, y bien ligado con su salsa, aunque esperaba más potencia de sabor teniendo en cuenta el marisco que lo rellenaba. El “Atún rojo ahumado al momento”; atún de excelente calidad, simplemente marcado en la plancha y con un interesante toque ahumado. Y el “Costrón de cochinillo ibérico”; una verdadera delicia; suave, jugosísimo y muy sabroso, magníficamente aderezado con diferentes hierbas del campo y perfecto en su combinación de texturas; un plato que logra llenar la boca de placenteras sensaciones.
Para terminar, dos postres, ambos curiosos e interesantes: su “Tiramisú deconstruido”, juego de elaboraciones entre los ingredientes del tiramisú (gelatina de amareto, helado y caviar de café, crujiente de cacao, una suave mouse de bizcocho…); y su “Pasión de chocolate”, diferentes tipos de chocolate en distintas versiones (en helado, en mouse, en un buñuelo, líquido bañando a dos lichis….).
A destacar también, una carta de vinos extensa e interesante, mezclando referencias tradicionales y modernas, y con un buen surtido de caldos de la tierra. El excelente servicio del mismo que realizan, en grandes copas y cuidando perfectamente la temperatura. Y el original variado de dulces que ofrecen con el café, sabroso detalle para concluir la velada.
En definitiva, el restaurante Botein fue una muy agradable experiencia, en la que pude comprobar que la creatividad en la cocina continúa surgiendo con calidad a precios razonables, ya que mi visita salió por 37 euros (vino sin incluir).
UBICACION: Madre Isabel Larrañaga s/n
PUNTUACION:
Ambiente: 7,5
Servicio: 7,5
Comida: 7PUNTUACION MEDIA: 7,25
mesas rectangulares de buenas dimensiones. Un poco apartado, cerca de su entrada, encontramos también un pequeño saloncito habilitado para no fumadores con capacidad para unos veinte comensales más. El ambiente es agradable y distendido; las salas bien montadas y con un ligero toque moderno; con una acogedora luz suave, y cuidada mantelería; pero sobre todo, desprendiendo un notorio aire elegante, su principal característica.
amente gallega, sin artificios, sin excesivas complicaciones; con materia prima de buena calidad y elaboraciones tradicionales. En carta presentan una docena de entrantes (pulpo, empanada, pimientos de padrón, caldo gallego…), algo de marisco, tres carnes y un buen surtido de pescados.
resante toque dulce, entre las finas láminas de hojaldre. Y tortilla de Betanzos; una jugosísima torrilla de patata, elaborada con una materia prima excepcional (¡qué ricos los huevos!) que estaba realmente buena; quizás algo más pochada la patata y un poco más de cebolla la harían espectacular, pero bueno supongo que esto va en gustos… Sin duda, ambos entrantes de indudable calidad. Muy buen inicio.








para degustar sus tapas y raciones. Además del hueco que podamos encontrar en su enorme barra, unas pocas mesas altas y una pequeña barrita adosada a las paredes del local sirven también de cobijo al visitante. Espacio más que suficiente para que el cliente se encuentre a gusto. Además, un poco apartado de la zona de tapeo, han habilitado un pequeño recinto con mesas para comidas con capacidad para unos treinta comensales. En definitiva, el lugar posee un ambiente algo pijo, pero amplio, cómodo y agradable.
ncontramos callos, albóndigas, ensaladilla, croquetas, mollejas…), y además ofrecen la posibilidad de pedir en barra algunos de los platos de su carta para comidas, postres incluidos. La mayoría de sus platos de buena calidad, y en los que se percibe el cuidado que prestan por la materia prima que utilizan, su mayor virtud. Eso sí, esa apuesta por la calidad, unida al ambiente distinguido del lugar, hacen que la factura final se eleve más de lo que habitualmente encontramos en lugares de tapeo.
ssoto de setas o los canelones de centolla y erizos de mar; una buena materia prima no debería dar como resultado un plato insulso y vulgar. Por el contrario, recomendaría probar sus callos a la madrileña, la ensalada de perdiz o sus albóndigas; estas últimas raciones muy bien elaboradas, aprovechando bien las cualidades del género y sabrosas en su conjunto.


Decir que en líneas generales me gustó bastante todo lo probado. Ingredientes sabrosos, indicativos de una materia prima de buena calidad, y cocinados logrando unos puntos perfectos de elaboración, son las notas que me resultaron más destacables. Quizás eché en falta algo más de conjunción en alguno de los platos, es decir, que esa combinación de excelentes texturas y sabores se tradujera en una fascinante explosión gustativa en la boca; acontecimiento que ocurrió a lo largo de la velada, pero no en tantas ocasiones como yo ambicionaba. Tal vez mis expectativas eran tan grandes que no pudieron cumplirse, o que los dos aperitivos me resultaron tan deliciosos que esperaba continuar igual hasta el último de los postres… De todos modos, reitero que todos y cada uno de los platos me parecieron sabrosos y de alta calidad.
de gachas con torreznos de ibérico y huevo de codorniz escalfado“; ambos combinando el intenso sabor del guiso tradicional con la suave textura de su preparación, y todo ello perfectamente armonizado con sus diferentes acompañantes, creando un juego de sabores y texturas en boca realmente delicioso. Muy original me resultó el “Mar de moluscos y algas en contrastes marinos“; nuevamente acertadas mezclas de sabores entre el molusco y su alga que, como el nombre del plato indica, realmente evocan sensaciones marinas. Algo menos conjuntados me parecieron el “Crudité de verduras asadas, brotes y hojas” y la “Ensalada de lubina escabechada con encurtidos esferificados”; con sus ingredientes sabrosos y en punto, pero sin la fuerza global de los anteriores. Muy sabroso y atractivo el “Coulant de trufa”; con su jugosa yema de huevo en el interior. Y de postre, me encantó el “Pastelito de combinaciones cítricos y lácteos”; potente y suave a la vez, de estructura delicada y de sabor intenso; un gran final para una excelente velada.
ta interesante arrocería.
odos ellos arroces secos) y postre, incluyendo también bebida (aunque no el vino) y el café; todo ello por 32 euros sin IVA. Así que si no añadimos extras a su propuesta podremos probar un arroz bastante bien elaborado, bueno de sabor y a un precio bastante razonable. Con lo que el resultado es una arrocería tradicional con una relación calidad-precio bastante interesante.
matices de la verdura y la carne, y con un muy interesante toque rústico que le da la cocina en leña. Quizás si consiguieran dejar el arroz más suelto sería ya excelente, pero bueno, como digo, muy rico.
omento busquen la comodidad cliente.

le notable.

aconseja en cuanto a cantidades e incluso adapta el menú a los gustos del comensal. Simpático y amable, siempre busca la comodidad del cliente. El peso del servicio lo llevan dos chicas jóvenes e inexpertas; son amables y ponen voluntad, pero su falta de experiencia las hace estar por debajo de la calidad del restaurante. Son algo bruscas en el servicio de los platos y carecen de los debidos conocimientos de protocolo que demanda el lugar (por ejemplo, el servicio del vino no es todo lo bueno que debería y el cambio de los platos entre algunos de los entrantes es necesario y no se realiza). De todos modos el servicio no es malo, pero sí bastante mejorable; quizás las carencias en este aspecto sean más notorias al comparar con el resto, ya que Quiñoneros presenta un ambiente agradable, una buena cocina, pero un servicio sólo correcto.



restaurante de Cogolludo prueba algo nuevo de su carta; y siempre termina con la misma sensación: el verdadero interés del lugar no está en lo accesorio sino en lo principal. Tanto los entrantes como los postres que he podido probar son bastante de andar por casa, sin demasiado que reseñar.
tenemos en el plato… hasta acabar chupándonos los dedos tras rebañar la carne adherida a las costillitas. En tres ocasiones me he desplazado a este lugar de Guadalajara para visitar Hermanos Martínez, y su cabrito estaba, bueno, muy bueno o excelente; unas veces más sabroso que en otras, pero siempre acabas satisfecho de los kilómetros realizados.