Emociones.
Cuando vamos a un restaurante, la comida que en él probamos, sin duda nos produce ciertas sensaciones: primeramente percibimos visualmente las características del plato, después vienen las olfativas, y tras ellas, las más importantes, las sensaciones gustativas que el plato provoca en nosotros. Esto nos sucede a diario cada vez que nos sentamos a una mesa, a veces las percibimos de una manera más notoria y otras apenas nos percatamos de ellas. Esas sensaciones pueden ser más o menos placenteras, pero la comida siempre provoca alguna reacción en el comensal. Lo complicado, eso que rara vez sucede y que algunos anhelamos con encontrar, es que este conjunto de sensaciones que ha provocado un plato en nosotros llegue a EMOCIONAR. Entonces, uno se da cuenta de que aquello que tiene delante de sí, aquello que se está llevando a la boca, no es un simple plato de comida, es una obra de arte. Y al día siguiente, muchas horas después de terminada la cena, uno aún recuerda aquellos olores, aún siente en su boca aquellos sabores que le llegaron a emocionar, como si aún pudiera estar degustando aquella maravilla, porque el recuerdo de aquel bocado aún perdura en las papilas gustativas… Esas sensaciones, por mucho que yo me empeñe en explicarlas, nunca llegarán completamente a describirse, para entenderme habría que vivirlas.
Hace un par de semanas, poco después de que la guía Michelín confirmara las fulgurantes
dos estrellas del 2009 para el Sergi Arola Gastro, fui a cenar al restaurante que el chef catalán tiene en la calle Zurbano. Sin duda, y esto no lo digo yo sino la mayoría de guías que hablan de la gastronomía en la capital, uno de los mejores restaurantes de Madrid. Después de haber probado en dos ocasiones su cocina en La Broche, tenía ganas de conocer como había concebido su propio restaurante, esta vez sin el amparo de una cadena hotelera. La vivencia que hoy os cuento, con momentos de verdadera emoción culinaria, fue una de mis mejores experiencias gastronómicas.
El local, con capacidad para unos treinta comensales, es un claro ejercicio de diseño moderno. Sin apenas decoración, la sala en forma de pasillo ancho está únicamente ocupada por las amplias mesas que dan cobijo a los clientes y por un funcional mueble que hace de pared con la cocina; pura teoría del aprovechamiento del espacio, eso sí con mucho diseño. Quizás tras esta sucinta descripción pueda parecer un espacio algo frío, pero la luz tenue que le aplican consigue dar ese punto de calidez que resulta necesario para que el local resulte en cierto modo acogedor.
El servicio de sala es diligente y eficaz; aunque en mi opinión, un restaurante con dos estrellas Michelín y cuya cuenta no bajará de los 150€ por persona debería cuidar más algunos detalles para lograr la perfecta armonía que se espera del lugar. Algunos pequeños fallos de coordinación entre los camareros a la hora del servicio de alguno de los platos, que la primera copa de vino del maridaje llegue tarde a la mesa o que falte pan a alguno de los comensales, son ligeros detalles en los que ha de poner más atención un restaurante de esta categoría. Otro de los aspectos que a mi parecer debería mejorar es la calidez en el trato con el cliente; exceptuando la actitud del sumiller que estuvo muy amable y cercano durante toda la cena, tanto la jefa de sala como el resto de camareros mantienen una postura excesivamente fría y con escasa complicidad con el comensal. Sutiles percepciones que le quedan a uno después de la visita y que mejoradas harían la estancia aún más agradable.
En cuanto a su carta, Sergi nos presenta una pequeña variedad de platos, aunque siempre creativos y muy apetecibles, que va cambiando cada mes. Su carta consta de cuatro entrantes, dos pescados, dos carnes y tres postres. El restaurante ofrece la posibilidad de degustar su propuesta a través de tres tipos de menús distintos, todos ellos precedidos de los correspondientes aperitivos y de tres entrantes que la casa incluye fuera de la carta: el “menú Gastro” que consiste en una degustación de todos los platos de la carta (los once platos + los tres entrantes comunes) a un precio de 160€; el “menú Sergi” en la que el comensal elije dos entrantes de la carta, un pescado, una carne y dos postres (nueve platos en total) por 125€; y el “menú básico” compuesto de siete platos a un precio de 105€. A mediodía también incluye la posibilidad de un “menú ejecutivo” algo más corto por 95€.
La cocina que Arola presenta en su restaurante es una sabrosa y creativa mezcla de elaboraciones tradicionales y sofisticadas; conjuntando perfectamente ambas para dar un resultado redondo, complejo pero en armonía; y donde respeta al máximo la excelente calidad del género que utiliza. Una cocina no exenta de sorpresas, pero en donde la depurada técnica no resta protagonismo al producto, al revés, lo potencia. En las tres ocasiones que he podido degustar la propuesta de este afamado Chef he probado un buen número de platos, y en cada uno de ellos, a pesar de la variedad de ingredientes y de los diferentes tratamientos dados a cada uno de ellos, siempre me he encontrado un plato excelentemente conjuntado, donde cada elemento combina perfectamente con los demás, donde cada ingrediente es complemento del resto para formar ese único conjunto que invade el paladar, y que como al principio decía, en ocasiones llega a EMOCIONAR.
En la visita del otro día, aprovechando que iba acompañado por otra buena amante de la gastronomía a la qu
e como a mi le gusta probar todo lo que se le propone, pedimos un “menú Sergi” cada uno sin coincidir en ninguno de los platos elegidos; de esta manera ambos pudimos probar toda la oferta que el restaurante propone en su carta mensual.
Tras los pequeños aperitivos del comienzo, entre los que no podían faltar las famosas patatas bravas Arola, empieza el espectáculo sensorial. Tres pequeños entrantes para continuar abriendo boca, un “Conete relleno de tartar de cigalitas y boletus”, a degustar de un solo bocado para que el sabroso conjunto explote en la boca; unas “Judías verdes de Kenia con nueces frescas y helado de melocotón”, un plato equilibrado y refrescante; y un “Mouse de ostras con algas frescas y espuma de champagne”, una auténtica maravilla, pleno de sabor y delicado en su textura, una de esas emociones culinarias que antes os mencionaba, un conjunto que mi paladar aún recuerda; exquisito, complejo, sabrosísimo y equilibrado…
El menú continuó con un “Tartar de sardinas con helado de tomate especiado”, jugosísimo y conjuntado; y una “Crema de castañas asadas con puré de boniato y helado de panceta”, delicado y sabroso el puré y de nuevo perfectamente armonizado con el resto de elementos. A estos les siguieron otras dos maravillas, unas “Verdinas guisadas con erizos de mar y emulsión de sidra”, riquísimas, perfectamente guisadas y con un espléndido toque mar y montaña; y unas “Setas de temporada con codorniz escabechada y huevo pochado”, co-protagonismo de ingredientes formando un conjunto delicioso; increíbles las setas, perfectas de punto, estupendas de sabor y textura, complemento ideal de los tiernos y sabrosos muslitos de codorniz; cocina de temporada sutil y perfecta.
Tras esta primera hora sentado a la mesa, en la que uno no ha parado de gozar con el buen hacer culinario de Sergi Arola, el show continúa deleitando al comensal, vienen los pescados.
“Salmonete cocido a baja temperatura con pepino, láminas de champiñones y cremoso de hinojo”; un salmonete excelente, de una calidad excepcional, cocinado suavemente para que el producto se exprese en plenitud; de nuevo las papilas gustativas enloquecen. Y un “Lomo de rape asado con alubias pintas”; nuevamente la combinación de mar y legumbre resulta exitosa, conjunto poderoso pero delicado y sobre todo, redondo.
Pasado ya el ecuador del menú propuesto, y después de la placentera combinación de sensaciones en el paladar bocado tras bocado, después de llegar a emocionarme saboreando alguna de las creaciones del menú, llegaron los platos de carne. Y quizás por este excepcional inicio de cena, superando con creces las expectativas creadas antes de cruzar el umbral de la puerta (que eran muchas, créanme), el último tercio de la velada me resultó menos cautivador… Tanto el “Venado con castañas y manzanas caramelizadas” como el “Lomo de cordero a baja temperatura con maíz y embutido” a pesar de ser platos equilibrados y sabrosos, no llegaron a producir en mi tan extraordinarias sensaciones como en alguno de los anteriores; ricos, eso sí, pero sin magia.
Los postres comenzaron con el “Mojito” de la casa, una esfera de mouse de lima con granizado de hierbabuena atomizado por ron añejo; original y sorprendente pero en donde para mi gusto el cítrico toma demas
iada presencia. Continuamos con un “Pastel de avellanas y helado de jengibre”; el plato que menos me sedujo de toda la cena, quizás algo descompensado en su conjunto. Y para terminar, en el último postre de la velada, volvió la magia con el “Soufflé de coco y curry con helado picante de chocolate”; extraña combinación de ingredientes para lograr un postre delicioso, con todos sus elementos reconocibles en boca, pero tan sutilmente conjuntados en un delicado soufflé que cada bocado fue la guinda perfecta para una cena inolvidable.
Quisiera destacar también el fabuloso maridaje con el que el sumiller nos deleitó durante la velada; con vinos novedosos y peculiares, tocando diferentes partes de la geografía española y mundial, y todos ellos de una calidad indiscutible. La carta de vinos, bastante pasada de precio por cierto, resulta inabarcabl
e debido al excesivo número de referencias que contiene; y dado que el menú combina platos de corte tan diverso, la opción de combinar cada plato con un vino adecuado a él se hace la más atrayente. En mi caso fueron 65€ de suplemento por persona por la bebida, pero después de sentir el buen hacer de Daniel Póveda consiguiendo en ocasiones una maravillosa armonía entre el plato y el vino elegido, puedo concluir que bien merece la pena el precio pagado.
Tampoco quisiera olvidarme de la estupenda coctelería que tiene el restaurante ubicada en la planta baja del mismo; una extensa selección de destilados, un buen profesional al mando de la misma y un ambiente relajado, cómodo y muy agradable, hacen de la misma la manera perfecta de concluir una vivencia emocionante.
En definitiva, Sergi Arola Gastro es uno de esos pocos restaurantes que logran que el comensal se evada por completo de sus preocupaciones diarias para zambullirse en una excitante aventura gastronómica; quizás la experiencia no esté al alcance de todos los bolsillos, mi visita salió por unos 135 euros (vino sin incluir), pero sin duda EMOCIONA.
UBICACION: Zurbano, 31
PUNTUACION:
Ambiente: 8
Servicio: 8
Comida: 9PUNTUACION MEDIA: 8,5





ba con un caldito caliente de puchero con albóndigas de carne y espuma de garbanzos; muy bien presentado, sabroso, y ganando en potencia según se deshacía la espuma sobre el caldo; bien. Continuamos con lágrimas de wagyu al sarmiento con compota de higos; una buena ración de carne de ese famoso buey de origen oriental, estupenda de punto, que resulta curiosa por su textura y su grasa entrevelada, aunque no tan sabrosa como cabría esperar de tan afamada carne; aún así el plato convence. Y de postre, borrachito de café con espuma de coco; sabroso, delicado y bien conjuntado. La sensación general, bastante satisfactoria teniendo en cuenta el precio final de la cuenta; y eso que con vino y café ascendió a 44€ por persona. Sin duda, repetiré, y ya comentaré más extensamente mis impresiones.
cueva y con aire minimalista, es agradable y tranquilo. El servicio que prestaron durante la velada, excesivamente informal y no demasiado atento. Y el menú propuesto, en mi modesto entender, más propio de una tabernilla con aspiraciones que de un restaurante de categoría. Platos presentados sin demasiado cuidado y sensaciones de vulgaridad al probar cada uno de los tres que componían la degustación. Y a esto tenemos que añadir que tras avisar educadamente en varias ocasiones si podrían cambiar uno de los principales por alergia de un comensal, a este le prepararon un cutre surtido de croquetas y empanadillas. El menú estaba compuesto de un aceptable pudding de cabracho, unos pob
res pimientos del piquillo rellenos de rabo de toro, y un soso tiramisú servido en copa. La sensación general fue que me ofrecieron un menú de medio pelo para salir del paso de la promoción; el precio final,
nerosos medallones de carne bien cocinados y perfectamente conjuntados con la ligada salsa del estofado. Y para concluir, tarta fina de manzana; el postre fue lo más flojo de la velada, supongo que elaborar tantas tartitas en un solo turno hace que la calidad media del resultado final descienda, y a la mía le faltaba jugosidad. La sensación general, bastante aceptable; una cena correcta a un precio medio, 40€ por persona, vino y café incluidos.


langostinos que los acompañan no estuvieran a la altura, bastante más insulsos y algo pasados de punto. La cena continuó con el “Papillot de verduras”; espárragos, berenjena, calabacín, setas de cardo, brécol, tomate… verduras de buena calidad, aunque debieron cocinarse todas a la vez y sus puntos de cocción no fueron en todas el más adecuado.
mesas rectangulares de buenas dimensiones. Un poco apartado, cerca de su entrada, encontramos también un pequeño saloncito habilitado para no fumadores con capacidad para unos veinte comensales más. El ambiente es agradable y distendido; las salas bien montadas y con un ligero toque moderno; con una acogedora luz suave, y cuidada mantelería; pero sobre todo, desprendiendo un notorio aire elegante, su principal característica.
amente gallega, sin artificios, sin excesivas complicaciones; con materia prima de buena calidad y elaboraciones tradicionales. En carta presentan una docena de entrantes (pulpo, empanada, pimientos de padrón, caldo gallego…), algo de marisco, tres carnes y un buen surtido de pescados.
resante toque dulce, entre las finas láminas de hojaldre. Y tortilla de Betanzos; una jugosísima tortilla de patata, elaborada con una materia prima excepcional (¡qué ricos los huevos!) que estaba realmente buena; quizás algo más pochada la patata y un poco más de cebolla la harían espectacular, pero bueno supongo que esto va en gustos… Sin duda, ambos entrantes de indudable calidad. Muy buen inicio.








para degustar sus tapas y raciones. Además del hueco que podamos encontrar en su enorme barra, unas pocas mesas altas y una pequeña barrita adosada a las paredes del local sirven también de cobijo al visitante. Espacio más que suficiente para que el cliente se encuentre a gusto. Además, un poco apartado de la zona de tapeo, han habilitado un pequeño recinto con mesas para comidas con capacidad para unos treinta comensales. En definitiva, el lugar posee un ambiente algo pijo, pero amplio, cómodo y agradable.
ncontramos callos, albóndigas, ensaladilla, croquetas, mollejas…), y además ofrecen la posibilidad de pedir en barra algunos de los platos de su carta para comidas, postres incluidos. La mayoría de sus platos de buena calidad, y en los que se percibe el cuidado que prestan por la materia prima que utilizan, su mayor virtud. Eso sí, esa apuesta por la calidad, unida al ambiente distinguido del lugar, hacen que la factura final se eleve más de lo que habitualmente encontramos en lugares de tapeo.
ssoto de setas o los canelones de centolla y erizos de mar; una buena materia prima no debería dar como resultado un plato insulso y vulgar. Por el contrario, recomendaría probar sus callos a la madrileña, la ensalada de perdiz o sus albóndigas; estas últimas raciones muy bien elaboradas, aprovechando bien las cualidades del género y sabrosas en su conjunto.


Decir que en líneas generales me gustó bastante todo lo probado. Ingredientes sabrosos, indicativos de una materia prima de buena calidad, y cocinados logrando unos puntos perfectos de elaboración, son las notas que me resultaron más destacables. Quizás eché en falta algo más de conjunción en alguno de los platos, es decir, que esa combinación de excelentes texturas y sabores se tradujera en una fascinante explosión gustativa en la boca; acontecimiento que ocurrió a lo largo de la velada, pero no en tantas ocasiones como yo ambicionaba. Tal vez mis expectativas eran tan grandes que no pudieron cumplirse, o que los dos aperitivos me resultaron tan deliciosos que esperaba continuar igual hasta el último de los postres… De todos modos, reitero que todos y cada uno de los platos me parecieron sabrosos y de alta calidad.
de gachas con torreznos de ibérico y huevo de codorniz escalfado“; ambos combinando el intenso sabor del guiso tradicional con la suave textura de su preparación, y todo ello perfectamente armonizado con sus diferentes acompañantes, creando un juego de sabores y texturas en boca realmente delicioso. Muy original me resultó el “Mar de moluscos y algas en contrastes marinos“; nuevamente acertadas mezclas de sabores entre el molusco y su alga que, como el nombre del plato indica, realmente evocan sensaciones marinas. Algo menos conjuntados me parecieron el “Crudité de verduras asadas, brotes y hojas” y la “Ensalada de lubina escabechada con encurtidos esferificados”; con sus ingredientes sabrosos y en punto, pero sin la fuerza global de los anteriores. Muy sabroso y atractivo el “Coulant de trufa”; con su jugosa yema de huevo en el interior. Y de postre, me encantó el “Pastelito de combinaciones cítricos y lácteos”; potente y suave a la vez, de estructura delicada y de sabor intenso; un gran final para una excelente velada.
ta interesante arrocería.
odos ellos arroces secos) y postre, incluyendo también bebida (aunque no el vino) y el café; todo ello por 32 euros sin IVA. Así que si no añadimos extras a su propuesta podremos probar un arroz bastante bien elaborado, bueno de sabor y a un precio bastante razonable. Con lo que el resultado es una arrocería tradicional con una relación calidad-precio bastante interesante.
matices de la verdura y la carne, y con un muy interesante toque rústico que le da la cocina en leña. Quizás si consiguieran dejar el arroz más suelto sería ya excelente, pero bueno, como digo, muy rico.
omento busquen la comodidad cliente.